O de como transmutar los recuerdos

Notas cinematográficas ocultas desde 1950 y un diario literario descubierto en 2010 que narran episodios comunes, ambos realizados por el escritor uruguayo José Pedro Díaz. En el presente se contará este rescate en el que arte, memoria y existencia se funden en una misma historia.1
El filmador (Uruguay, 2021, 70 min) es una película que captura un pedazo del mundo literario de mediados del siglo XX, donde aparece la figura del escritor latinoamericano y también de la escritora latinoamericana (invisibilizada por la desigualdad de género). Los protagonistas, Amanda Berenguer y José Pedro Díaz, viajan a París; sin embargo, el viaje, que es el eje de la estructura narrativa de la película, se entrelaza con el discurso del presente: este tiempo de los que son y observan a los que ya no son. El presente también es registro, es memoria y testigo. Y algunas personas les hacen espacio en las bibliotecas nacionales para resguardar lo suyo, lo dicho.
Viajar es romper con la costumbre y eso lo sabe el director Aldo Garay, Entonces, es esta paradoja la que permite adentrarse en el registro de la reflexión artística. Se percibe la derrota del sujeto de la posguerra ante la vorágine del tiempo y sus mecanismos, la cual había llevado a los y las artistas a ser estereotipos, no tanto por una moda, sino por el compromiso con lo cotidiano. Quizá por lo anterior, uno de los protagonistas adquiere una cámara de 8 mm; en otras palabras, un objeto técnico que nos atraviesa a todos: tanto al director como al investigador, al espectador, a la biblioteca o a su propio hijo.
La historia es el viaje, nada más y nada menos. Sin embargo, el montaje es un elemento que permite tener una lectura con mayor profundidad, ya que despliega varios tiempos narrativos y, sobre todo, logra un ritmo en el que se construye una estructura de la realidad, donde los protagonistas pasan a ser todos los que están frente a la cámara. Allí, no solo los sujetos, sino también los objetos, son vistos bajo el lente y son el resultado de una realidad aparte, representada en un entramado bien delimitado, por lo que me atrevo a decir que es un documental con muchos aires de ficción.
Los y las protagonistas del cine son una cosa y las personas en la vida real son otra, o ¿quizá no? Ser o no ser: se ha dicho mucho, en muchas lenguas, en muchos lenguajes. Por suerte, el mundo no se limita al ser y existe con y para él —por supuesto que sí— si estamos situados en terrenos cinematográficos. El filmador es mucho más que el registro de un viaje a París y el rescate de la memoria literaria; es una profunda reflexión artística posibilitada por una cámara de 8 mm. Todo este entramado visual y narrativo nos conduce a la interrogante esencial sobre la existencia: Los protagonistas trascienden su condición de simples mortales para habitar un terreno puramente cinematográfico, comprobando que, bajo la mirada del cine, el mundo y la memoria no solo son, sino que se reinventan y perduran a través de la imagen.
- MUBI ↩︎






















