O de como seguimos romantizando la revolución

Cuando su enemigo malvado reaparece después de 16 años, un grupo de exrevolucionarios se reúne para rescatar a la hija de uno de ellos.1
Una batalla tras otra (Estados Unidos, 2025, 161 min.) La gran industria cinematográfica lo vuelve a hacer. Paul Thomas Anderson toma una premisa parte de la agenda geopolítica actual en un relato atractivo en varios aspectos. La historia es de Bob (Leonardo DiCaprio), un exrevolucionario, sacado de una imagen remanente de los viejos líderes revolucionarios y un estereotipo. Él y su hija intentan vivir una vida “normal”, pero resulta que su sola existencia se interpone en los planes de uno de sus antiguos adversarios, un tal coronel algo Ejército/supremacía/racismo (Sean Penn). Así, de un día para otro, Willa (Chase Infiniti) desaparece en una furgoneta blanca; está en peligro. Y su padre, que si bien está oxidado, no deja de ser un ser violento con experiencia, hará lo que sea necesario para rescatarla.
El tema de esta cinta tiene una buena dirección y tiene varias perspectivas, porque hablar de actos revolucionarios nunca será suficiente. El guion, a cargo del director en conjunto con Thomas Pynchon, va de lo general a lo particular, y eso lo hace bastante bien. Cada uno de los personajes es mostrado, con excelentes actuaciones, en diferentes fragmentos de su identidad. Así, el presente y el pasado están dictando esa referencia de progreso, que, como resultado de la cultura visual que heredamos, construye una forma de normalización de los actores en la escena político-social: lxs buenxs y lxs malxs.
En términos técnicos, impecable, hasta se permite sutilezas por parte de Michael Bauman al utilizar VistaVision, un formato horizontal de 35 mm de alta resolución que es especialmente útil para secuencias con acción y paisajes amplios. La música, en manos de Jonny Greenwood, sugiere una banda sonora sofisticada y al mismo tiempo es tensa, clave para sostener el tono político/paranoico. Finalmente, la ambientación de un mundo latino migrante, más allá de que es políticamente correcta, contradictoria y romantizada, es digna de representar el imaginario, ese mismo que se cuestiona también este filme, ¿o no?… ¿Acaso no es eso la revolución?
Una batalla tras otra, entrelaza la violenta odisea de un exrevolucionario por rescatar a su hija con una deconstrucción profunda de las dicotomías sociopolíticas que nuestra cultura visual ha normalizado. Este thriller geopolítico trasciende la acción pura para adentrarse en un profundo escrutinio de la identidad y de las dicotomías sociopolíticas entre el bien y el mal. Culmino cuestionando la esencia misma de la lucha social dentro de una aparato cultural. Repensemos la revolución, tal como propone el filósofo Giorgio Agamben, no como la toma del aparato estatal para instaurar un nuevo régimen, sino como el ejercicio de una “potencia destituyente” que desactive las estructuras opresivas del poder para liberar genuinamente la vida.

