UNA BATALLA TRAS OTRA

O de como seguimos romantizando la revolución

Una batalla tras otra (Estados Unidos, 2025, 161 min.) La gran industria cinematográfica lo vuelve a hacer. Paul Thomas Anderson toma una premisa parte de la agenda geopolítica actual en un relato atractivo en varios aspectos. La historia es de Bob (Leonardo DiCaprio), un exrevolucionario, sacado de una imagen remanente de los viejos líderes revolucionarios y un estereotipo. Él y su hija intentan vivir una vida “normal”, pero resulta que su sola existencia se interpone en los planes de uno de sus antiguos adversarios, un tal coronel algo Ejército/supremacía/racismo (Sean Penn). Así, de un día para otro, Willa (Chase Infiniti) desaparece en una furgoneta blanca; está en peligro. Y su padre, que si bien está oxidado, no deja de ser un ser violento con experiencia, hará lo que sea necesario para rescatarla.

El tema de esta cinta tiene una buena dirección y tiene varias perspectivas, porque hablar de actos revolucionarios nunca será suficiente. El guion, a cargo del director en conjunto con Thomas Pynchon, va de lo general a lo particular, y eso lo hace bastante bien. Cada uno de los personajes es mostrado, con excelentes actuaciones, en diferentes fragmentos de su identidad. Así, el presente y el pasado están dictando esa referencia de progreso, que, como resultado de la cultura visual que heredamos, construye una forma de normalización de los actores en la escena político-social: lxs buenxs y lxs malxs.

En términos técnicos, impecable, hasta se permite sutilezas por parte de Michael Bauman al utilizar VistaVision, un formato horizontal de 35 mm de alta resolución que es especialmente útil para secuencias con acción y paisajes amplios. La música, en manos de Jonny Greenwood, sugiere una banda sonora sofisticada y al mismo tiempo es tensa, clave para sostener el tono político/paranoico. Finalmente, la ambientación de un mundo latino migrante, más allá de que es políticamente correcta, contradictoria y romantizada, es digna de representar el imaginario, ese mismo que se cuestiona también este filme, ¿o no?… ¿Acaso no es eso la revolución?

Una batalla tras otra, entrelaza la violenta odisea de un exrevolucionario por rescatar a su hija con una deconstrucción profunda de las dicotomías sociopolíticas que nuestra cultura visual ha normalizado. Este thriller geopolítico trasciende la acción pura para adentrarse en un profundo escrutinio de la identidad y de las dicotomías sociopolíticas entre el bien y el mal. Culmino cuestionando la esencia misma de la lucha social dentro de una aparato cultural. Repensemos la revolución, tal como propone el filósofo Giorgio Agamben, no como la toma del aparato estatal para instaurar un nuevo régimen, sino como el ejercicio de una “potencia destituyente” que desactive las estructuras opresivas del poder para liberar genuinamente la vida.

  1. IMDB ↩︎

OJO DE PERDIZ

escrita y dirigida por Miriam Cházaro / Compañía titular de Teatro de la Universidad Veracruzana

Perdiz f. Ave gallinácea, de hasta 40 cm de longitud y 50 de envergadura, de cuerpo grueso, cabeza pequeña y plumaje pardo grisáceo con manchas rojas, muy apreciada como pieza de caza por su carne.

Ojo de perdiz trata la historia de una comunidad en la cuenca del Papaloapan. Es cortita, sí, pero de una gran riqueza en su lengua. Ya sea antes o después de ver la obra, leer el glosario de términos regionales nos hace parte de esta comunidad que se representa. Entonces, en la obra veremos a diferentes mujeres; cada una es trazada con actuaciones sobresalientes y una propuesta de escenografía bastante interesante: una suerte de plataforma asimétrica con un suelo que hace alusión al título de la obra, pues el ojo de perdiz no es el ojo de un ave, sino un tejido.

Regresando a las actuaciones y al uso del lenguaje, Ojo de perdiz nos invita a poner atención en las palabras y en la forma en que se dicen, para así entrar a navegar por los ríos de la comunidad veracruzana en una suerte de liberación que, en definitiva, presupone un cambio en la protagonista; sin embargo, cada uno de los diez actores en escena nos revela una cara distinta de lo que parece nunca cambiar: las tradiciones.

Así, las tradiciones y la comedia parecen ser el caldo perfecto para transportarnos por sesenta minutos a una población calurosa, con olor a caña y mosquitos en la sala. Donde cada situación en la que se irá metiendo nuestra protagonista nos arrancará varias sonrisas, pero con la esperanza de que su vida dé el giro que tanto busca y pueda demostrar que ella es más que solo una buena ortografía.

LA ULTIMA OPCIÓN

O de como la vida se pondrá cada vez peor

La última opción (Corea, 2025, 139 min). “¿Cómo se puede ir en contra del progreso?” es la pregunta del director Park Chan-wook, la cual brota como un árbol majestuoso que ostenta la edad del paso de los siglos. La cinta también es una comedia negra en la que el protagonista, Man-su (Lee Byung-hun), es despedido por luchar contra el despido de sus compañeros. Estar desempleado es una condición insostenible en un mundo perfecto; además, él no está solo. Vive con Miri (Son Ye-jin), dos hijos y un par de mascotas que se acomodan a un ideal tanto occidental como oriental. Al ver en peligro la continuidad de esta vida, y sin pensarlo mucho, Man-su tendrá que cometer una serie de crímenes en nombre del progreso.

Con plena sinceridad, esta película es una joya. Empecemos… La trama, aunque no se caracteriza por hacer algún juego fuera de lo común, tiene un ritmo interesante. Gran parte de este mérito se lo llevan las actuaciones. Estamos ante personajes que nos dicen mucho más con sus cuerpos que con sus diálogos; aun así, el guion tiene frases cargadas de imágenes que, en ciertas escenas, resuenan en un lenguaje cinematográfico excepcional. El guion, a cargo del director coreano y de Lee Kyoung-mi, es lo que sostiene esta gran historia, sin dejar cabos sueltos y trazando un viaje de principio a fin. Por supuesto, que hay varios giros de tuerca.

Sin embargo, tanto la fotografía (Kim Woo-hyung) como el diseño sonoro, en conjunto con la banda sonora, no son solo elementos que orbitan la historia, sino que también nos están contando cosas. Los movimientos de cámara, logrados mediante una novedosa técnica cinematográfica, vaya que la distinguen de otras películas. Por su parte, el diseño sonoro (Bock-Nam Ahn) tiene momentos climáticos que sumergen al espectador en una experiencia sonora, como una especie de rompimiento de la cuarta pared.

La última opción es una película que plantea un problema que nos trastoca a todos, pero lo hace con una complejidad y, al mismo tiempo, una sutileza dignas de verse. La obra expone el miedo que provoca la ilusión de un mundo perfecto y, sobre todo, cómo trastoca la identidad y la resuelve en un individualismo cautivo característico de nuestra época y de las que vienen. Park Chan-wook construye un mundo frío en el que la humanidad cree habitar la belleza del presente y, arrojada a él como un niño indefenso, se ve pisoteada por el lugar en el que no elegimos estar, sino en el que queremos estar. Un mundo sin consecuencias.

  1. Cineteca Nacional ↩︎

Un hombre sin pasado

o de como ser un humano del presente

Un hombre sin pasado (Finlandia-Alemania-Francia, 2002, 92 min.) es una película que vale la pena ver con ese espíritu palomero/pochoclero. La premisa de Kaurismäki es simple: un hombre, al que llamaremos M (Markku Peltola), llega a una ciudad nueva, al llegar, es golpeado con tal brutalidad que le hace perder la memoria. Tanto el espectador como él no saben nada del protagonista. En este camino desde lo desconocido se irá encontrando con varias personas y situaciones. Así de la nada, también nos veremos inmersos en una historia de amor al más puro estilo del director finlandés, que en mi opinión nos muestra historias reales, desprovistas de toda mirada occidental.

Lo anterior juega un papel muy importante para el desarrollo, pues estamos ante un lienzo en blanco y varios entornos que intentarán entrometerse en la historia. La trama, como mencioné en un inicio, es en esencia simple, sumado a que la profundidad de nuestro personaje no se plantea como un problema existencial. Hay estudios que sugieren que la memoria es parte importante de la personalidad. Entonces, nuestro personaje va reconstruyendo no solo su memoria, sino su personalidad, y nosotros como espectadores lo acompañamos en un mundo donde la humanidad está presente y las circunstancias parece que van orientando la voluntad; sin embargo, la profundidad existencial no es algo que acongoje a M, aunque en mí, al mirarla, logró ese efecto.

En cuestiones técnicas la película es impecable —claro, desde una óptica diferente—, y sí se nota el paso del tiempo; pero, ¿qué son dos décadas en avances cinematográficos? No obstante, la maestría de Aki Kaurismäki y Timo Salminen, director de fotografía, proyecta un mundo nórdico, con ambientes y paisajes no tan distintos a los nuestros, porque la cámara siempre está posada en las personas. Esta dupla es conocida por su estilo minimalista, luces planas (baja saturación) y una paleta de colores muy controlada, que en esta película incluye tonos verdes, grises y amarillos apagados. Esto no es un accidente: busca evocar un mundo desolado, marginal, pero con un matiz irónico y esperanzador.

Al entrelazar una premisa sencilla donde la amnesia permite reconstruir la personalidad mediante la calidez humana, con un minimalismo estético que dota de ironía y esperanza a los márgenes desolados de la sociedad, la cinta trasciende su aparente simpleza para adentrarse en una profunda exploración temporal del individuo. Es aquí donde la obra despliega su mayor fuerza reflexiva, al sumergirnos en la compleja paradoja de un hombre que, al ser despojado de su memoria, encuentra en la inmediatez pura del presente una luminosa y liberadora posibilidad de renunciar por completo al peso de su historia. No obstante, esta ilusión de un eterno empezar de nuevo choca irremediablemente con un trágico y poético contraste existencial, pues nos demuestra que, por más que el ser abrace el «ahora» como un refugio absoluto, ese pasado borrado se niega a desaparecer como una sombra indomable que, en silencio, aún existe en espera de reclamar su lugar.

  1. IMDB ↩︎

Capítulo 37

Para nosotros, físicos convencidos, la distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión, por obstinadamente persistente que sea.Albert Einstein

La casa armada, antes del anochecer, y la mirada hacia los cuerpos celestes. No hay mecanismos fríos ni calculadores solo un entorno en penumbras, anunciando que efectivamenrte todo el tiempo “pasan cosas”. Contemplo un organismo vasto, palpitante y divino.

Recuerdo a Giordado Bruno y su argumento que sostiene en la idea de un universo infinito y descentrado, donde cada astro, cada planeta y cada sol está dotado de un alma (anima mundi).

Bajo esta luz, los hechos astronómicos —un eclipse, el paso de un cometa, un alineamiento planetario— cobran un sentido ritualístico porque son, en esencia, los gestos de entidades vivas de una magnitud inconcebible.

El mar arroja la bruma, que ya cubre el cielo y sigue su camino hacia el poniente. El eclipse no se verá, es hora de dormir.

El portal mágico se abre porque el microcosmos (la humanidad) y el macrocosmos (el universo) están hechos de la misma sustancia divina y vibrante. Así, cuando Bruno habla de los cuerpos celestes, me pregunto si las estrellas resuenan en nosotros y provocan que “pasen cosas”, quizá es debido a una profunda simpatía cósmica.

Pero el motivo de este viaje me hace mirar al interior, y es allí donde Bergson emerge para subvertir esta fascinación por la inmensidad espacial.

El argumento central de Bergson radica en la tajante división entre el “tiempo espacializado” (el tiempo de los relojes, de las matemáticas y de la ciencia) y la durée o “duración pura” (el tiempo vivido por la consciencia).

Esta realidad no existe en el frío espacio de los cuerpos físicos de Bruno, sino en el cauce irrepetible de nuestra experiencia interior. La durée es un flujo continuo, heterogéneo e indivisible, donde el pasado, el presente y el futuro se funden y se interpenetran.

El portal no se abre allá arriba en el firmamento, sino aquí adentro, cuando la contemplación de una estrella fugaz o de una luna llena interrumpe nuestra cotidianidad y transforma nuestra textura emocional. Lo que hace que “pasen cosas” no es la gravedad de los planetas, sino cómo ese instante cósmico se incrusta en nuestra memoria viva, alterando cualitativamente nuestro devenir.

Tanto para Bruno, Bergson y para mi: el universo físico puede estar condenado a la repetición matemática de sus órbitas, pero en la durée del observador humano, cada noche estrellada es una experiencia absolutamente nueva, libre y creadora.

Valor sentimental

o de como las relaciones siguen siendo las protagonistas

Valor sentimental (Noruega-Alemania, 2025, 135 min) es la sexta película de Joachim Trier. En esta entrega nos proyecta la historia de una hija, que es una actriz con pánico escénico, y de un padre cineasta, algo pretencioso pero sin duda un gran artista. A partir de la ausencia es como se tejen las tramas posmodernas; en este caso vemos como punto de partida el rechazo de Nora (Renate Reinsve) a la propuesta de su padre (Stellan Skarsgård). Sin duda, esto será lo que distingue a esta película del típico drama de relaciones familiares. El pretexto: la actriz tiene que brillar en escena, el director tiene que terminar la película.

¿Cómo plantear la existencia de una relación si la distancia es el medio en el que se desenvuelve? Eso es lo que quizá se pregunta el director. Entonces la trama toma un rumbo interesante, con la premisa de la ausencia paterna y al introducir a una persona externa en la «no relación», de la que seremos testigos de cómo se revelan sus distintas verdades. Estamos ante un drama que asume la complejidad de la naturaleza humana, pero la reduce a un par de emociones, como la ira/violencia, y como un guiño la misma película pregunta… ¿por qué suicidarse?

Es curioso cómo la forma de contar historias va cambiando con el tiempo, sobre todo en cuestiones de montaje (Olivier Bugge), ya que con una buena edición la historia se desliza en tomas cotidianas, simples y ausentes de simbolismos, sin más intención que dejar que el tiempo siga su curso. Por otra parte, el diseño sonoro (Gisle Tveito) se disfruta sobremanera y aporta profundidad a la historia de una forma congruente, pero sin olvidar que esto es cine.

Esta película trasciende las convenciones del drama familiar al cimentar su narrativa en el rechazo inicial y la inmensa distancia entre una actriz y su padre cineasta, estableciendo así un marco donde la ausencia se dibuja en los diferentes vacíos que el arte logra capturar. Es precisamente en el centro de esta lejanía afectiva donde la obra logra destilar emociones viscerales y le otorga un cuerpo a lo que ya no está presente, culminando su reflexión para dejarnos suspendidos ante una última interrogante: ¿es verdaderamente posible un encuentro entre los múltiples espacios y tiempos que convergen dentro de esa casa que siempre fue el ineludible escenario principal de esta historia?

  1. MUBI ↩︎