o de como las relaciones siguen siendo las protagonistas

Nora, una exitosa actriz de teatro, se reencuentra con su distanciado padre, Gustav Borg, director de cine antaño célebre que planea volver con un guion basado en su familia. Cuando Gustav le ofrece el papel protagónico y ella lo rechaza, él se dirige a una joven estrella emergente de Hollywood.1
Valor sentimental (Noruega-Alemania, 2025, 135 min) es la sexta película de Joachim Trier. En esta entrega nos proyecta la historia de una hija, que es una actriz con pánico escénico, y de un padre cineasta, algo pretencioso pero sin duda un gran artista. A partir de la ausencia es como se tejen las tramas posmodernas; en este caso vemos como punto de partida el rechazo de Nora (Renate Reinsve) a la propuesta de su padre (Stellan Skarsgård). Sin duda, esto será lo que distingue a esta película del típico drama de relaciones familiares. El pretexto: la actriz tiene que brillar en escena, el director tiene que terminar la película.
¿Cómo plantear la existencia de una relación si la distancia es el medio en el que se desenvuelve? Eso es lo que quizá se pregunta el director. Entonces la trama toma un rumbo interesante, con la premisa de la ausencia paterna y al introducir a una persona externa en la «no relación», de la que seremos testigos de cómo se revelan sus distintas verdades. Estamos ante un drama que asume la complejidad de la naturaleza humana, pero la reduce a un par de emociones, como la ira/violencia, y como un guiño la misma película pregunta… ¿por qué suicidarse?
Es curioso cómo la forma de contar historias va cambiando con el tiempo, sobre todo en cuestiones de montaje (Olivier Bugge), ya que con una buena edición la historia se desliza en tomas cotidianas, simples y ausentes de simbolismos, sin más intención que dejar que el tiempo siga su curso. Por otra parte, el diseño sonoro (Gisle Tveito) se disfruta sobremanera y aporta profundidad a la historia de una forma congruente, pero sin olvidar que esto es cine.
Esta película trasciende las convenciones del drama familiar al cimentar su narrativa en el rechazo inicial y la inmensa distancia entre una actriz y su padre cineasta, estableciendo así un marco donde la ausencia se dibuja en los diferentes vacíos que el arte logra capturar. Es precisamente en el centro de esta lejanía afectiva donde la obra logra destilar emociones viscerales y le otorga un cuerpo a lo que ya no está presente, culminando su reflexión para dejarnos suspendidos ante una última interrogante: ¿es verdaderamente posible un encuentro entre los múltiples espacios y tiempos que convergen dentro de esa casa que siempre fue el ineludible escenario principal de esta historia?
- MUBI ↩︎

