o de como ser un humano del presente

M llega a Helsinki y es brutalmente atacado por matones y declarado muerto por los médicos. Revive pero sin recuerdos de su pasado ni de su identidad. Reconstruye su vida desde cero, pero el pasado acaba alcanzándole. 1
Un hombre sin pasado (Finlandia-Alemania-Francia, 2002, 92 min.) es una película que vale la pena ver con ese espíritu palomero/pochoclero. La premisa de Kaurismäki es simple: un hombre, al que llamaremos M (Markku Peltola), llega a una ciudad nueva, al llegar, es golpeado con tal brutalidad que le hace perder la memoria. Tanto el espectador como él no saben nada del protagonista. En este camino desde lo desconocido se irá encontrando con varias personas y situaciones. Así de la nada, también nos veremos inmersos en una historia de amor al más puro estilo del director finlandés, que en mi opinión nos muestra historias reales, desprovistas de toda mirada occidental.
Lo anterior juega un papel muy importante para el desarrollo, pues estamos ante un lienzo en blanco y varios entornos que intentarán entrometerse en la historia. La trama, como mencioné en un inicio, es en esencia simple, sumado a que la profundidad de nuestro personaje no se plantea como un problema existencial. Hay estudios que sugieren que la memoria es parte importante de la personalidad. Entonces, nuestro personaje va reconstruyendo no solo su memoria, sino su personalidad, y nosotros como espectadores lo acompañamos en un mundo donde la humanidad está presente y las circunstancias parece que van orientando la voluntad; sin embargo, la profundidad existencial no es algo que acongoje a M, aunque en mí, al mirarla, logró ese efecto.
En cuestiones técnicas la película es impecable —claro, desde una óptica diferente—, y sí se nota el paso del tiempo; pero, ¿qué son dos décadas en avances cinematográficos? No obstante, la maestría de Aki Kaurismäki y Timo Salminen, director de fotografía, proyecta un mundo nórdico, con ambientes y paisajes no tan distintos a los nuestros, porque la cámara siempre está posada en las personas. Esta dupla es conocida por su estilo minimalista, luces planas (baja saturación) y una paleta de colores muy controlada, que en esta película incluye tonos verdes, grises y amarillos apagados. Esto no es un accidente: busca evocar un mundo desolado, marginal, pero con un matiz irónico y esperanzador.
Al entrelazar una premisa sencilla donde la amnesia permite reconstruir la personalidad mediante la calidez humana, con un minimalismo estético que dota de ironía y esperanza a los márgenes desolados de la sociedad, la cinta trasciende su aparente simpleza para adentrarse en una profunda exploración temporal del individuo. Es aquí donde la obra despliega su mayor fuerza reflexiva, al sumergirnos en la compleja paradoja de un hombre que, al ser despojado de su memoria, encuentra en la inmediatez pura del presente una luminosa y liberadora posibilidad de renunciar por completo al peso de su historia. No obstante, esta ilusión de un eterno empezar de nuevo choca irremediablemente con un trágico y poético contraste existencial, pues nos demuestra que, por más que el ser abrace el «ahora» como un refugio absoluto, ese pasado borrado se niega a desaparecer como una sombra indomable que, en silencio, aún existe en espera de reclamar su lugar.
- IMDB ↩︎

