O de la como es la muerte en el amor

Una joven parisina conoce a hombre de negocios estadounidense que requiere que su relación se base exclusivamente en el sexo1
El último tango en París (Italia-Francia, 1972, 129min) es de esas película que el tiempo ha pasado por el color de sus siluetas, sin embargo la mirada del director Bernardo Bertolucci aporta a la idea de que el buen cine se sostiene entre la historia y su lenguaje. La historia, nada novedosa quizá, pues es Paris la ciudad del amor (?) Entonces estamos ante un triángulo amoroso, no obstante nuestros protagonistas: son una joven parísina (Maria Schneider) que es filmada en sus encuentros con su novio cineasta. Por el otro lado (Marlon Brando) un americano que atravieza la muerte de su esposa por que se suicidó.
La falsa idea de “en nombre del amor”, lleva a las personas perturbadas a sobrepasar los límites de lo racional. ¿Se puede hablar de lo racional en el cine? ¿Cómo trasciende la (meta)ficción a la realidad? Mientras tanto en la historia, inicia con un escuentro violento, más cercano a la violación, sin embargo el vínculo se mantiene y se desenvuelve la historia de dos desconocidos en un departamento vacio. Es aquí donde se nos proyecta el carácter onírico del mundo cultural. Los encuentros continuan, uno más violento que otro. Al salir de este departamento continuan con su vida porque mientras él intenta averiguar porque se ha matado su esposa, a quién parece no conocía por completo; ella solo busca escapar de la excesiva intromisión de su novio en su intimidad, sin mucho éxito.
Antes de continuar, dejo aquí un dato que si se ve antes o después de ver esta película, no importa pero es necesario tomarlo encuentra.
En cuestiones técnicas, estamos ante una “obra de arte” donde la fotografía (Vittorio Storaro) nos recuerda la grandilocuencia del discurso cinematrográfico. El sonido entra en un juego seductor de ambientación y experimentación sensorial postmoderna. Por su parte el guión escrito por el mismo director y Franco Arcalli construye una historia simple con escenas simbólicas que aportan humanidad para una trama que se sabe desafiante, en su contenido pero se relaja en su forma haciendo guiños a una narrativa que rompe la cuarta pared.
En definitiva, El último tango en París reafirma su vigencia a través de un lenguaje cinematográfico que subvierte el arquetipo clásico del romance parisino para presentarnos un complejo choque de soledades, donde la exploración de la irracionalidad humana y los vínculos cimentados en la violencia desdibujan constantemente las fronteras entre la metaficción y una cruda realidad; lo que revela que la principal ventaja de revisitar este tipo de cine a la luz de los cambios de paradigma contemporáneos radica en nuestra capacidad adquirida de disecar críticamente las dinámicas de poder, permitiéndonos apreciar el innegable valor estético y narrativo sin dejar de cuestionar los límites éticos y las transgresiones que en el pasado se llegaron a justificar en nombre del arte.

