CRÓNICA 21K DE LA CIUDAD DE MÉXICO

En días de carreras las alarmas se vuelven innecesarias: el cuerpo sabe que el domingo los amaneceres son para verse en persona. Y así pasó… Son las cinco y media de la mañana y las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México se abarrotan de tenis, brillos y un sinfín de números. Pienso que detrás de estos números hay alrededor de treinta y cinco mil personas; sin duda, hoy la ciudad será una pista muy concurrida.

La carrera arranca con el paso de lxs atletas élite, un grupo de personas que parece sobrehumano, porque para cuando la gran mayoría apenas estemos por cruzar la salida, estos seres estarán quizá ya a la mitad de la ruta. Pero ya saben que en esto del running, la competencia se reduce a uno mismo. Entre estos pensamientos me observo ya cerca de la salida. Es momento: conecto mi reloj, alisto la playlist y hablo seriamente con mi rodilla. Hoy nos vamos tranquilos.

Para fines deportivos, de aguante y, porque no, hasta narrativos, la carrera se divide en tres capítulos.

Capítulo 1: Seres con tenis
Arrancamos con un gran clima: ya amaneció y no se siente ni calor ni frío. Los primeros pasos, aunque un poco lentos por esquivar a varias personas, toman forma y el ritmo comienza a hacerse presente. A mi alrededor hay personas de todo tipo que, al igual que yo, están aquí para recorrer una distancia impensable para otrxs (presiento que todos pensamos esto), 但 que en cada uno de nosotros ya tiene una relación o, al menos, un reconocimiento bastante interesante a esta sección: correr en tu ciudad. En mi caso, es a una distancia familiar que, a una velocidad considerable, se vuelve una experiencia bastante agradable. Aunque por más que ya he corrido esa distancia varias veces en lo que va del año, correr una ciudad que fue mi hogar por más de 15 años la hace especial. Y bueno, en esta parte los primeros siete kilómetros se acerca la primera subida, la famosa Puente de Petróleos. (En realidad desde que dejamos el Ángel de la Independencia no hemos dejado de ir cuesta arriba; ya hay gente cansada.)

Capítulo 2: Hay cuestas
Seguimos subiendo. En lo personal me gustan las subidas; fuera de que ahora vivo en Xalapa, una ciudad muy empinada, las cuestas exigen mayor fuerza para no perder el ritmo, a modo que cuando uno va reservando energía, es el empuje perfecto para saber que se puede ir más rápido. Quizá estamos cruzando el kilómetro 10; con los relojes y las señalizaciones uno nunca sabe, lo que sí es que la primera mitad quedó atrás. Reforma es una calle muy extensa, pero mucho. Yo trabajé un tiempo por acá; recuerdo hacer media hora al metro Auditorio y de ahí lo que hiciera a CDMX, siempre y cuando no lloviera. ¡Atento! Adelante hay una desviación: entramos a la tercera sección de Chapultepec. Otra subida, esta es más tranquila y la sombra de los árboles ayuda. El sol está de frente. Ya hay mucha gente caminando.

Capítulo 3: Columpios
Por fin, porque todo lo que sube tiene que bajar. Aunque un poco pronunciada, las bajadas tuvieron su parte divertida, aunque la rodilla se hace notar. Ya saben, a estas alturas muchas cosas llegan de golpe, sin previo aviso. Depende de cada uno: los kilómetros 15, 16 y 17 son gran momentos. Bajo el ritmo, solo un poco, porque la vista es hermosa. De pronto la ruta nos alejó de la ciudad, pero un par de kilómetros en bajada rodeado de árboles es la recarga suficiente para cerrar fuerte. Sin embargo, las subidas siguen, cada vez más cortas; en un constante subir, bajar, girar y respirar profundo, los últimos kilómetros se acercan. Estamos de nuevo en Reforma. Aprieto el paso, una cuesta más… ¡Corto circuito!, acelero. Eso es todo. ¡Se acabó!

Maratón Atenas Veracruzana 2026

En realidad corrí la media maratón

Domingo, tres treinta y cinco de la mañana, parece muy temprano, pero los organizadores nos hicieron madrugar. Los de la media maratón salimos a las cinco y diez de la mañana. A pesar de que Xalapa es una ciudad pequeña, tocaba madrugar. Un té, dos plátanos y un pan tostado; último check para no olvidar nada. Cuatro treinta y dos de la mañana: el calentamiento inicia en un estadio relativamente lleno, eso sí con mucha actividad, extraño de ver. Al final somos casi tres mil corredorxs inscritos, la mayoría ya listxs para arrancar en las distintas distancias desde los 42,195 km, pasando por la media, los 10k, 5k y hasta una carrera infantil.

A pesar de llegar con tiempo, estos últimos minutos pasan muy rápido. Girar los tobillos, rotar la cadera, aflojar la espalda. ¡Arrancamos! Y aún no amanece, la oscuridad es el primer reto, por así decirlo, pues en los primeros kilometros el suelo es bantante irregular. Avanzamos sin aparente inconveniente, y las zancadas empiezan a fluir, pero de algo ya estabamos advertidos: Xalapa es una ciudad con calles muy empinadas. Son las pantorrilas quienes lo resienten, apenas va el kilometro tres y la energía comienza a utilizarse de forma explosiva… Me pregunto si será posible mantenerse así durante toda la carrera(?)

El primer tramo de subida se queda atrás. Nos adentramos al centro de la ciudad. Hoy los y las runners se adueñan de calles que parecen intransitables para sus propios habitantes y del túnel ni hablar. Desde lejos se nota que el breve recorrido por el centro termina en un túnel cual portal para iniciar con otra ronda de empinadas, sin embargo al entrar al túnel, la energía vuelve. Muchos gritan, otras aceleran, pues fuera del eco, es cierto que este lugar es símbolo de fuerza.

Comienza a amanecer. Suspiro, observo y trato de recuperar mi respiración. La frecuencia cardiaca ha estado alta durante lo que va de la carrera. Calmémonos… apenas el 5k se asoma. Por otro lado la hidratación no es constante, pienso que sería genial dejar agua, electrolitos y bombas de carbohidratos durante toda la ruta, un día antes, pero bueno la carrera sigue, no me puedo distraer, al final no voy solo en este camino.

Por fin, un poco de terreno plano. Ritmo, es momento de establecer un ritmo. En un abrir y cerrar de ojos ya salió el sol. Uno, dos, tres. Respiro. Uno, dos, tres. Acelero. Llegamos al primer retorno. Las piernas comienzan a tener rostros. El primer tercio de la carrera ha quedado atrás. —En mis entrenamientos entendí que cuando uno está corriendo no se mira hacia atrás—. La carrera continúa y aún estamos siendo un gran grupo que mantiene el paso, así las pisadas de todos se escuchan como un gran espíritu que mueve a la ciudad. No obstante, a pesar de ser la ciudad en la que habito, las caras son desconocidas pero al mismo tiempo familiares.

Corremos por una bajada prolongada, la respiración está bien, las piernas bien y el espíritu contento. En este momento mi mente divaga, estoy tranquilo y pienso en ese círculo virtuoso de la inspiración. Se dice que nosotrxs los runners inspiramos y al mismo tiempo fuimos inspirados por otrxs. Puedo asegurar que eso es totalmente cierto. Creo que es por eso que nos levantamos temprano un domingo… pienso esto mientras observo a mi alrededor. Me alegra pertenecer a algo que si bien ya es una moda también es una forma de vida, en pocas palabras y para continuar con la carrera solo agrego: un mismo camino, diferentes propósitos.

Pasamos el kilómetro 10. Ya estamos de vuelta en el centro, pero aún es muy temprano, quizá apenas son las seis de la mañana. La soledad de las calles contrasta con un ruido que parece venir de las paredes. ¡Dale, dale, no pares! es lo que decía una playera, además de ser una gran idea (¿ven cómo sí tratamos de inspirar sin realmente ser conscientes de ello?), por supuesto que le hice caso. Además vamos de bajada, es momento de apretar el paso, aunque la idea es no quemarse, la gravedad hace lo suyo y el tiempo por el momento no es una preocupación.

Es el último tercio de la carrera, sin duda es una carrera demandante por sus cuestas y particularmente el clima del día de hoy. El sol ya se deja sentir y la humedad característica de Xalapa hace de las suyas. Es útil pensar esta ruta en tres partes. Después de una segunda parte de recuperación, la concentración se hace más evidente y las piernas responden como si al menor intento de detenerse el calor las incendiara para hacer insostenible el equilibrio. La verdad es que ya para este momento la altimetría ha hecho lo suyo. El desgaste es evidente, pero no es lo suficiente para no empujar un poco más, porque para este momento me di cuenta de que las subidas seguirían llegando.

Solo un kilómetro más… nos enteraríamos más tarde que por un ajuste de ruta, se corrió un kilómetro más, aunque para aquellos que aún no experimentan una carrera, suele ser algo bastante común, y a veces el saber que la distancia se ha cubierto nos juega en contra porque qué más quisiera estar ya en la meta y parar, pero al igual que la mañana continúa, hacemos lo mismo. Existe el consuelo de que cada paso nos acerca a la meta, y en realidad eso pasa desde el inicio de la carrera, ojalá así fuera con la vida (¿no creen?).

Se terminó, con un final acostumbrado. ¡Cerrar fuerte! Es muy satisfactorio acelerar en los últimos metros, y como por arte de magia al pasar por el tapete la energía se diluye. Las piernas duelen, los brazos duelen. Hay que estirar, tirarse al pasto, tomar agua y colgarnos la medalla, pues después de 21.0975 kilómetros no somos los mismos.

Capítulo 37

Para nosotros, físicos convencidos, la distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión, por obstinadamente persistente que sea.Albert Einstein

La casa armada, antes del anochecer, y la mirada hacia los cuerpos celestes. No hay mecanismos fríos ni calculadores solo un entorno en penumbras, anunciando que efectivamenrte todo el tiempo “pasan cosas”. Contemplo un organismo vasto, palpitante y divino.

Recuerdo a Giordado Bruno y su argumento que sostiene en la idea de un universo infinito y descentrado, donde cada astro, cada planeta y cada sol está dotado de un alma (anima mundi).

Bajo esta luz, los hechos astronómicos —un eclipse, el paso de un cometa, un alineamiento planetario— cobran un sentido ritualístico porque son, en esencia, los gestos de entidades vivas de una magnitud inconcebible.

El mar arroja la bruma, que ya cubre el cielo y sigue su camino hacia el poniente. El eclipse no se verá, es hora de dormir.

El portal mágico se abre porque el microcosmos (la humanidad) y el macrocosmos (el universo) están hechos de la misma sustancia divina y vibrante. Así, cuando Bruno habla de los cuerpos celestes, me pregunto si las estrellas resuenan en nosotros y provocan que “pasen cosas”, quizá es debido a una profunda simpatía cósmica.

Pero el motivo de este viaje me hace mirar al interior, y es allí donde Bergson emerge para subvertir esta fascinación por la inmensidad espacial.

El argumento central de Bergson radica en la tajante división entre el “tiempo espacializado” (el tiempo de los relojes, de las matemáticas y de la ciencia) y la durée o “duración pura” (el tiempo vivido por la consciencia).

Esta realidad no existe en el frío espacio de los cuerpos físicos de Bruno, sino en el cauce irrepetible de nuestra experiencia interior. La durée es un flujo continuo, heterogéneo e indivisible, donde el pasado, el presente y el futuro se funden y se interpenetran.

El portal no se abre allá arriba en el firmamento, sino aquí adentro, cuando la contemplación de una estrella fugaz o de una luna llena interrumpe nuestra cotidianidad y transforma nuestra textura emocional. Lo que hace que “pasen cosas” no es la gravedad de los planetas, sino cómo ese instante cósmico se incrusta en nuestra memoria viva, alterando cualitativamente nuestro devenir.

Tanto para Bruno, Bergson y para mi: el universo físico puede estar condenado a la repetición matemática de sus órbitas, pero en la durée del observador humano, cada noche estrellada es una experiencia absolutamente nueva, libre y creadora.

Expectativas

Un viaje de 1050km y un poco más de 24 hrs en carretera puede cambiarte la vida.

Este es el inicio del viaje del héroe (últimamente estoy lejos de ser uno) sin embargo la tragicomedia de la vida hace de lo suyo, que se traduce en una serie de eventos canónicos que despiertan conciencias:

las expectativas son muy diferentes a la realidad, por esta razón la dinámica de la vida se abre a un sin fin de perspectivas, como si fue un salto cuántico que permite tomar estas discrepancias con una calma y sabiduría lo que se traduce en alejarse de la idea de luchar contra el mundo.

cuál metáfora del camino, la cosas tienen diferentes ritmos, a veces uno tiene que apretar el acelerador a fondo y otras veces reducir la velocidad,

y tener todos los sentidos atentos para tener la capacidad de adaptarse a estos ritmos y no desesperarse si es que no coinciden con el que quisiéramos llevar.

La vida es un largo camino que requiere la intención de vivirla, no dejarse llevar y sobre todo reflexionar sobre la manera en que estamos interactuando con el mundo.