escrita y dirigida por Miriam Cházaro / Compañía titular de Teatro de la Universidad Veracruzana

Perdiz f. Ave gallinácea, de hasta 40 cm de longitud y 50 de envergadura, de cuerpo grueso, cabeza pequeña y plumaje pardo grisáceo con manchas rojas, muy apreciada como pieza de caza por su carne.
Ojo de perdiz trata la historia de una comunidad en la cuenca del Papaloapan. Es cortita, sí, pero de una gran riqueza en su lengua. Ya sea antes o después de ver la obra, leer el glosario de términos regionales nos hace parte de esta comunidad que se representa. Entonces, en la obra veremos a diferentes mujeres; cada una es trazada con actuaciones sobresalientes y una propuesta de escenografía bastante interesante: una suerte de plataforma asimétrica con un suelo que hace alusión al título de la obra, pues el ojo de perdiz no es el ojo de un ave, sino un tejido.
Regresando a las actuaciones y al uso del lenguaje, Ojo de perdiz nos invita a poner atención en las palabras y en la forma en que se dicen, para así entrar a navegar por los ríos de la comunidad veracruzana en una suerte de liberación que, en definitiva, presupone un cambio en la protagonista; sin embargo, cada uno de los diez actores en escena nos revela una cara distinta de lo que parece nunca cambiar: las tradiciones.
Así, las tradiciones y la comedia parecen ser el caldo perfecto para transportarnos por sesenta minutos a una población calurosa, con olor a caña y mosquitos en la sala. Donde cada situación en la que se irá metiendo nuestra protagonista nos arrancará varias sonrisas, pero con la esperanza de que su vida dé el giro que tanto busca y pueda demostrar que ella es más que solo una buena ortografía.

