AMARGA NAVIDAD

O de como la realidad no es más que otra ficción (España, 2026, 111min.)

Amarga Navidad, vaya título de la última película de Pedro Almodóvar. La historia, o mejor dicho historias, va de cineastas que, después de un buen rato sin filmar, están escribiendo un guion que los traerá de vuelta; sin embargo, las historias sobre las que escriben son motivo de pelea con las personas que los rodean. A la primera que conocemos es a Elsa (Bárbara Lennie), una cineasta de culto que trabaja en la publicidad y tiene una relación con un bombero. Después de un crónico episodio de migraña, decide irse a una isla, no siempre con la misma persona, pues la doctora le ha pedido que no se quede sola. Después de algunas escenas conocemos a Raúl (Leonardo Sbaraglia), un director consagrado que, tras la renuncia de su asistente y gran amiga Mónica (Aitana Sánchez-Gijón) para ayudar a una persona de su pasado, vuelve a escribir un guión; pues es algo de lo que le reveló Mónica que inspira Raúl.

La trama es magnífica. El tiempo narrativo se va desdoblado. Las dos o quizá tres historias que estamos viendo pasan de una manera breve, concisa y con los suficientes elementos para adentrarnos en el cuerpo de sus protagonistas. Además, nos regala secuencias entrañables que le dan sentido al título de la película, entre muchas otras cosas. Quizá otra razón por la que el guion de Amarga Navidad es una genialidad sería un análisis de los diálogos, descripciones de escena y brincos entre la vida de Elsa y Raúl. La autoficción es algo que se menciona deliberadamente: es una no tan nueva forma de concebir una dramaturgia del yo, pero lo que más sobresale de esta película me parece que es cómo sí se aleja de las estructuras convencionales. ¿Los personajes, la historia y las fuerzas cambiaron?

En cuestiones técnicas cumple, y con el estilo que nos tiene acostumbrados las producciones de El Deseo. En esta ocasión, la dirección de fotografía a cargo de Pau Esteve Birba me recuerda un poco a la fotografía de otros directores de culto, como Tarantino, que buscan en la técnica la vigencia logrando un estilo único, pero que nunca deja de experimentar, aunque en este caso de una forma sutil y en perfecta armonía con el departamento de arte. Finalmente, un toque muy especial que Almodóvar agrega a esta película es una mexicanidad bastante honesta, que parece no aportar mucho a la historia, pero que la cubre como un tipo de homenaje, y por supuesto que este vaya de la mano de Chavela Vargas, se agradece.

Amarga Navidad entrelaza las vivencias de Elsa y Raúl, dos directores que enfrentan crisis personales mientras sus nuevos guiones provocan tensiones con su entorno, marcando así un complejo regreso al cine. Con una trama magnífica y un ritmo ágil, la película rompe con las estructuras convencionales y destaca la esencia de los personajes a través de secuencias que dan sentido a su melancólico título. La excelencia técnica de El Deseo se comprueba una refinada dirección de fotografía además de un conmovedor tributo a la mexicanidad, elementos que dotan a la obra de una estética única y actual. Finalmente, resulta fascinante el uso de la autoficción ya que, como señala Sergio Blanco, esta permite la construcción de una “dramaturgia del yo” donde la frontera entre la realidad biográfica y la invención se vuelve difusa en favor de una verdad puramente artística.

  1. CINETECA NACIONAL ↩︎

LA PEOR PERSONA DEL MUNDO

O de como el amor muere en el intento (Noruega, 2021, 128 min)

La peor persona del mundo es la historia de Julie (Renate Reinsve), una joven que está cerca de su tercera década de vida con una pregunta muy clara: ¿qué hacer con la vida por delante? Pues cada seis meses parece desmoronarse para redirigir su vida a otros horizontes. Sin embargo, conoce a Aksel (Anders Danielsen Lie), un artista de más de cuarenta años del que se enamora, con quien vive y comienza a compartir una vida; pero esto no es una historia de amor, así que, después de un tiempo, las decisiones de Julie tendrán el verdadero protagonismo y sus consecuencias parecen no ser una tragedia, sino algo cotidiano como el mismo devenir de la vida.

El director y guionista Joachim Trier tiene una mirada bastante aguda para que temas profundos de la naturaleza humana se desborden de la pantalla de una forma natural, pues la trama se construye más allá de juicios o prejuicios, partiendo de experiencias subjetivas que, con la ayuda del lenguaje cinematográfico, nos dejan claro que podemos ver lo que pasa en el mundo interno de Julie. Además, la actuación es un elemento que aporta mucho para lograr esa mirada humana, a ratos positiva, a ratos confusa.

Hablar de cuestiones técnicas en el cine europeo es hablar de filmes bien producidos, pero con estilos normalizados que, si bien es raro que se salgan de las formas, como experiencia estética logran muy bien su cometido en este caso. La peor persona del mundo tiene un par de escenas bastante oníricas que rompen con ese realismo al que nos acostumbra la edición desde el inicio de la película; sin embargo, son un toque interesante que a más de una persona le quedará grabado en su memoria.

Joachim Trier construye un relato íntimo que se interesa por mostrar con agudeza la complejidad de la experiencia humana y la dimensión subjetiva de sus decisiones. Esa sensibilidad también se sostiene en una propuesta formal sobria pero eficaz, propia de cierto cine europeo, en la que el realismo dominante se ve interrumpido por escenas oníricas de gran fuerza estética que amplían el alcance emocional de la película. De este modo, La peor persona del mundo no se agota en el tema amoroso, aunque este organice buena parte del conflicto, sino que se abre hacia una reflexión más amplia y universal sobre el paso del tiempo, la incertidumbre de existir para cerrar con la forma en que la vida y muerte atraviesan toda experiencia humana.

  1. IMDB ↩︎

LA GRAZIA

O de como lo personal es lo político (Italia, 2025, 133 mins.)

La grazia, o quizá mejor dicho, El indulto, es una película necesaria en el contexto político actual. La historia se centra en el presidente de la República Italiana, pero no trata de grandilocuencias ni de mundos ajenos, sino de la intimidad de la casa presidencial. En este escenario vemos cómo lo pasa Mariano de Santis, el presidente, quien en sus últimos seis meses de mandato atraviesa una crisis detonada por el descubrimiento de que su esposa tuvo un amante hace 40 años; sin embargo, ella ya ha fallecido. Él se encuentra en medio de una maquinaria llamada Estado que no puede ni pretende controlar, por lo que su mejor papel será el de ser un observador justo de la ley para no terminar su mandato salpicado y poder regresar a casa con sus dos hijos. Por si fuera poco, se le acaba el tiempo para aprobar una ley sobre la eutanasia con la que su amigo el papa está totalmente en desacuerdo, además de una serie de indultos que llevan la película a terrenos reflexivos sobre los grandes temas de la vida.

El director Paolo Sorrentino concibe la figura del presidente como un ser cargado de presente, pero ajeno a la vida pública de un país, pues apenas puede con su propia vida. El guion, escrito también por él, nos presenta una trama que atrapa por los diferentes niveles en los que se coloca la cámara. Un dramón político italiano» es una buena frase para describir esta cinta; pues, aunque por momentos podría parecer una telenovela presidencial, se distingue por un humor certero que logra relajar la tensión —provocada a veces más por lo visual que por lo narrativo— y que es necesaria para que la historia avance con congruencia entre lo estético y lo temático. Es por eso que la vida de un presidente podría importarnos muy poco, en esencia, pero al final de cuentas ya lo dijo Judith Butler: “lo personal es lo político”.

Las cuestiones técnicas son otra razón para ver este filme, pues es una gran producción realizada de manera casi perfecta. Por ejemplo, para el diseño de producción y la iluminación, la directora de fotografía Daria D’Antonio se inspiró profundamente en los retratos del pintor británico Lucian Freud; esto se nota en la elección de una paleta de tonos grises y marrones para «desnudar» la soledad del mandatario. Por su parte, el diseño sonoro es bastante rico en su tono experimental, pero a la vez conocedor de la potencia del sonido y sus usos clásicos. En algunos momentos escuchamos secuencias acompañadas de notas electrónicas minimalistas; en otros más íntimos, una melancolía neoclásica acompaña a nuestro protagonista e, incluso, un rap rompe de forma abrupta e irónica con la solemnidad del espacio presidencial.

La Grazia retrata los últimos meses de Mariano de Santis, atrapado entre su duelo privado y la maquinaria estatal, mientras las urgencias de la eutanasia y los indultos revelan la frágil frontera entre la conciencia moral y la razón de Estado. Una trama demasiado humana con un diseño de producción inspirado en retratos expresionistas y un diseño sonoro que va del minimalismo electrónico al rap. Sorrentino convierte la soledad del poder en un espectáculo que hace visible la teatralidad de las instituciones. Así después de dos horas el relato demuestra que toda política nace en la casa —donde el cuerpo doliente del presidente y el fantasma de su esposa adquieren estatuto público— y se extiende a un país que observa cómo lo íntimo se vuelve asunto de todos. Esta la cinta es un sútil discurso de intuición biopolítica: el presidente, soberano que decide sobre la vida, la muerte y el perdón, administra la nuda vida en un permanente estado de excepción interno.

  1. CINETECA NACIONAL ↩︎

ROMERÍA

O de como a los secretos familiares no se los lleva el mar (España-Alemania, 2025, 112 mins.)

Romería es quizá un drama familiar, pero a diferencia de cierta tendencia a explorar los mundos psíquicos de los miembros de la familia, esta cinta nos muestra una mirada diferente, menos intelectualizada pero igual de atinada en la mirada contemporánea con la que la directora Carla Simón pone el ojo en la historia de Frida (Llúcia Garcia). Ella es huérfana de ambos padres; al cumplir 18 años viaja a la ciudad de Vigo, conocida como el «Caribe gallego», y es en este puerto donde, con el pretexto de obtener el acta de defunción de su padre, podrá obtener una beca para estudiar cine. Sin embargo, no será tan fácil tener este documento, ya que tendrán que ser sus abuelos quienes testifiquen que, efectivamente, Frida es hija de Fons Piñeira… será complicado porque esta familia esconde varios secretos.

El guiño de que la protagonista quiera estudiar cine y que lleve consigo una handycam se aprovecha muy bien para desplegar un estilo visual desenfadado, pero al mismo tiempo con una estética notable y un tono íntimo que sirve de ambiente para que los secretos se vayan revelando y la trama transcurra en una lógica familiar que nos atraviesa, pero que al mismo tiempo se desenvuelve en una cultura diferente. Otro guiño es que Frida habla catalán. No es algo que directamente aporte algo significativo a la historia; no obstante, dota a la película de una vigencia muy atinada a los tiempos que navegamos.

Romería cierra una trilogía de la memoria familiar basada en la propia vida de Carla Simón. Comenzó con Verano 1993 (centrada en su infancia tras ser adoptada), continuó con la multipremiada Alcarràs (sobre la vida rural de sus tíos) y culmina con Romería, enfocada en la historia de sus padres biológicos. Es por ello que en las cuestiones técnicas hay dos elementos a resaltar: por una parte, la directora de fotografía Hélène Louvart revisó cintas que la propia Carla Simón filmó cuando tenía 18 años, buscando imitar ese estilo «poético e imperfecto»; así, nos regala varios estilos de grabación durante este filme donde el mar, los barcos, las personas y el pasado cobran sentido en la mirada de Frida. El otro elemento es la diferencia con sus largometrajes anteriores, caracterizados por un naturalismo estricto y el uso de cámara en mano; en esta cinta, Simón recurre a encuadres fijos, composiciones estilizadas y secuencias oníricas o surrealistas para representar los huecos que la memoria no logra llenar.

El viaje de Frida se convierte en una exploración íntima que conecta con la búsqueda de identidad desde lo personal a lo colectivo, en gran medida por la evolución narrativa de la directora, que se apoya en un giro técnico significativo donde el naturalismo estricto de sus obras previas se conjuga la textura «poética e imperfecta» de la handycam y el uso de encuadres fijos y pasajes oníricos, para dar forma a los huecos que el recuerdo no logra llenar por sí solo. En esos huecos es donde los secretos familiares dejan de ser meros obstáculos para transformarse en el motor de una trama que atraviesa generaciones, evidenciando que la memoria no es un registro exacto de los hechos, sino un territorio fragmentado siempre en construcción. Romería confronta la idea quemel pasado no es una persecución de la verdad factual, sino un ejercicio de aletheia, donde la luz del cine desoculta las realidades que siempre han estado presentes, permitiendo que aquello que habitaba en la sombra finalmente se manifieste.

  1. IMDB ↩︎

PADRE, MADRE, HERMANA, HERMANO

O de como las familias seguirán siendo una comedia (rlanda, Francia, 2025, 110 mins)

Jim Jarmusch nos presenta su nuevo filme con un nombre bastante largo, pero explicativo. En tres actos vamos a adentrarnos en la relación que nuestros personajes mantienen con alguna de sus figuras parentales. Unos hermanos visitan a su padre; dos hermanas toman el té con su madre y dos hermanos regresan a la casa abandonada de sus padres. Quizá el gran tema de esta película no es más que la distancia de las palabras que, a partir de la adultez de los hijos, va resquebrajando la ilusión de la unidad nuclear, familiar y fraternal.

En el primer acto, la situación es confusa, rara y hasta un poco injusta. El padre parece no tener una vida digna, donde las palabras son insuficientes y las apariencias se develan en una especie de fotografía conservadora del quehacer de los hijos ante la vejez, en este caso, de un padre. En el segundo acto, ahora son dos hermanas que, si bien distantes, se dibujan en pequeñas escenas que las encuentran en su ser como familia; sin embargo, siempre hay algo que interrumpe el momento y la verdadera comunicación se va al carajo. En el tercer acto las cosas parecen ser más naturales; claro, pues ni un padre ni una madre aparecen en escena, solo recuerdos compartidos en espacios vulnerables que aderezan una búsqueda imposible: una familia ejemplar.

Este filme tiene elementos de ambos mundos del cine, por decirlo de alguna manera. Por una parte, el elenco y la forma en que se sitúa la cámara sirven para tratar este tipo de temas subjetivos que forman parte de una agenda progresista en el buen sentido de la palabra; pero, a pesar del lugar común en el que se puede caer, la astucia del director —y con ella el uso del lenguaje cinematográfico— logra una especie de gravedad que atrae la mirada a la pantalla (a pesar de que, para momentos incómodos, mejor los de mi casa en la cena de Año Nuevo). Así, un montaje cuidado (Affonso Gonçalves), la composición creativa a cargo de Frederick Elmes y Yorick Le Saux, y el registro sonoro como parte de una gran conversación, sostienen escenas largas, a veces cómicas y en otras profundas, que nos permiten ser parte de estas disfuncionalidades contemporáneas.

Esta última entrega de Jim Jarmusch desglosa, a través de un tríptico afrancesado, tanto la erosión de los vínculos parentales y la fragilidad de la estructura nuclear se llevan a un margen cuando la madurez de los hijos termina por resquebrajar las ilusiones de la infancia. Al transitar desde la precariedad de un padre, la búsqueda de la aceptación de una madre y hasta la búsqueda de un ideal imposible entre hermanos, la película aunque lenta, llega a buen puerto. Esto porque la cinta utiliza un lenguaje cinematográfico sobrio para retratar cómo la verdadera comunicación siempre parece interrumpida por lo que no se dice. Gracias a un montaje y una composición visual que dotan de gravedad a lo cotidiano, el espectador es invitado a habitar la incomodidad de estas escenas donde la disfuncionalidad se vuelve el espejo de nuestras propias fracturas contemporáneas: al exponer el malestar inherente a la familia como una estructura fallida, recordándonos la premisa de Lacan sobre la inexistencia de una relación plena, pues el lenguaje siempre resulta insuficiente para colmar el vacío constitutivo que nos separa de ese Otro que es, al mismo tiempo, nuestra propia sangre.

  1. IMDB ↩︎

ELEFANTES FANTASMAS

O de como en la naturaleza no hay fantasmas (Estados Unidos-Angola-Namibia, 2025, 98 mins.)

Elefantes Fantasmas es un documental dirigido por Werner Herzog que trata sobre la naturaleza —de ello no cabe duda—, pero presenta varios elementos que le permiten alejarse de la convención cientificista, algo que se manifiesta incluso en su propuesta narrativa. La historia que nos cuenta es la de un biólogo, el Dr. Steve Boyes, poseedor de una obsesión científica que inicia en el Museo Nacional de Historia Natural Smithsoniano en Washington D. C. Su tesis busca demostrar si los “elefantes fantasma” de Angola son descendientes genéticos directos de Henry, el elefante Fénykövi. Este ejemplar fue cazado en los años 50 y es, oficialmente, el elefante más grande registrado en la historia moderna. El objetivo, entonces, es claro: adentrarse en terrenos inexplorados y encontrar a una manada que no quiere ser hallada.

Este filme, compuesto de planos submarinos, conversaciones amenas y paisajes nocturnos completamente aislados de la civilización, logra adentrarnos en la meseta angoleña. Para lograrlo, el equipo se desplazó exclusivamente a pie, en motocicletas ligeras y en canoas a través de ríos inexplorados, lo que, irónicamente, repercutirá en la obtención de una de las pruebas de la existencia de estos elefantes. Es precisamente aquí —a través de las fotografías, los videos, las huellas y el lenguaje— donde las visiones de muchas culturas convergen en un imaginario compartido de la realidad. Quizá este sea el acierto más inesperado del documental, ya que nuestra atención está puesta originalmente en encontrar a los elefantes más grandes del mundo: criaturas enormes que van dejando un rastro confuso para la mayoría, pero que responden a una lógica de supervivencia, al igual que los expertos que los acompañan en esta suerte de cacería humanista.

Al igual que el científico utiliza instrumentos para definir su objeto, el documentalista utiliza el encuadre, el montaje y la narrativa para extraer un sentido de la realidad caótica. Esto lo sabe muy bien Herzog; incluso podría decirse que tiene muy clara la filosofía de la naturaleza de Evandro Agazzi, donde la distinción entre realidad y objeto resulta fundamental para comprender la naturaleza de la representación. Mientras que la realidad es la totalidad inagotable y compleja de lo que existe, el objeto es un «recorte» o una sección de dicha realidad delimitada por un punto de vista específico. Estos elefantes son un recorte de una realidad que no solo atraviesa a un país o una época en específico, sino que desdobla una de las tantas contradicciones del paso del ser humano por la Tierra: mientras algunos han sobrevivido limitándose a observar el fluir de su entorno, otros —principalmente desde Occidente— han destrozado todo lo que queda a su paso.

El documental trasciende la búsqueda científica del elefante más grande del mundo para sumergirse en una expedición que, a través de una narrativa alejada de formas obsoletas, transforma el rastro de una manada esquiva en un punto de convergencia entre diversas visiones culturales de la naturaleza. Al aplicar la distinción de Agazzi, se evidencia que esta «cacería humanista» no pretende agotar la realidad inabarcable de la selva angoleña, sino construir un objeto de estudio que denuncia la contradicción entre la huella destructiva de Occidente y la supervivencia armónica del entorno. Bajo esta premisa, ¿podría la creación de este objeto documental, mediado por la técnica y la mirada humana, ser el instrumento necesario para que el hombre moderno reconozca la realidad inagotable de una naturaleza que se desvanece antes de que su propio afán reduccionista termine por destruirla?

  1. CINETECA NACIONAL ↩︎

NINGUNA OTRA TIERRA

O de como la revolución nunca llegará (Palestina[Ocupado]-Noruega, 2024, 92 mins.)

No Other Land es un documental que, por el solo hecho de existir, no solo ofrece una ventana y una perspectiva del mundo en que realmente vivimos, sino que representa una intersección en la historia de la humanidad. Es un trabajo conjunto de Yuval Abraham, Basel Adra, Hamdan Ballal y Rachel Szor, que nos sitúa en Masafer Yatta, en el extremo sur de Cisjordania, en el Estado de Palestina. El conflicto en este territorio no es ninguna novedad; la historia trata sobre un fragmento del gran plan de desplazamiento forzado, migración y apartheid que inició hace ya varias décadas por parte del Estado sionista. Regresando a la narrativa, a quienes vemos en pantalla es a Basel Adra (abogado y periodista) y a Yuval Abraham (periodista). Sin embargo, más que contarnos una historia, los vemos interactuando con esa realidad a la que se ve arrojado un niño, que se ve obligado a enfrentar a un soldado o a ver su casa derrumbada en minutos. Aquí el presente se arrastra entre gritos, disparos y explosiones.

Una de las muchas razones por las que ver este documental enriquece nuestra mirada es la forma en la que está hecho. Hay otras dos personas que intervienen en este gran conflicto (ese que ojalá el mundo viera de forma más aristotélica y menos utilitarista). Esta dupla, conformada por Hamdan Ballal (fotógrafo y agricultor) y Rachel Szor (directora de fotografía), teje una serie de fragmentos que se mueven en diferentes líneas espacio-temporales sin perder el foco: concebirse como “un acto de resistencia creativa y pacífica contra el desplazamiento forzado”.

Esta película es solo un pretexto que ha dejado una cicatriz en el cine contemporáneo, pero lo cierto es que las heridas aún no han cerrado…

Basel Adra ha sufrido de constantes hallanamientos a su casa. Las fuerzas militares de Israel asaltaron la casa de Adra en la aldea de at-Tuwani, confiscando y registrando los teléfonos de su familia. El incidente ocurrió tras un ataque previo de colonos radicales que dejó heridos a dos de sus hermanos y a un primo.2

Hamdan Ballal en marzo de 2025, justo después de regresar de la ceremonia de los Premios Óscar, Ballal fue emboscado por colonos israelíes, golpeado y posteriormente detenido por el ejército. Pasó la noche esposado y vendado en una base militar antes de ser liberado con heridas en la cabeza y el estómago tras la presión internacional.3

Awdah Hathaleen, un activista local, futbolista y consultor clave en la producción de No Other Land, fue asesinado de un disparo en el pecho por un colono israelí durante una incursión en el pueblo de Umm al-Khair. 4

  1. IMDB ↩︎
  2. https://www.timesofisrael.com/west-bank-home-of-basel-adra-activist-and-oscar-winning-director-raided-by-idf/ ↩︎
  3. https://www.aljazeera.com/news/2026/2/16/one-year-on-no-other-land-co-director-says-israeli-attacks-intensifying ↩︎
  4. https://www.aljazeera.com/news/2026/2/16/one-year-on-no-other-land-co-director-says-israeli-attacks-intensifying ↩︎

EL DÍA DE LA PELEA

O de como vivir para la eternidad (Day of the Fight, Estados Unidos, 2023, Dur.: 108 mins.)

El día de la pelea definitivamente es una película que, si practicas algún deporte o tienes un pasado que te persigue, es imperdible. El director Jack Huston nos cuenta la historia de Mickey, un excampeón de boxeo que lleva diez años sin tener una pelea en serio, ya que, después de estar en prisión, nadie lo toma en serio. Sin embargo, le han conseguido una pelea por el campeonato en el Madison Square Garden; pero no todo son buenas noticias para este peleador, pues después de un traumatismo, el doctor le comunica que tiene un aneurisma que pone en riesgo su vida si recibe un golpe en su cabeza. Lo anterior no lo detiene y el protagonista busca una redención, por lo que esta pelea es su última oportunidad de recuperar la felicidad y, en una de esas, también su título de campeón.

La trama de la película se disfruta desde el primer momento, ya que lo que vemos en pantalla no es nada más que las 24 horas previas a su pelea. Inicia, por supuesto, con una secuencia de entrenamiento al amanecer, para después irlo acompañando a diferentes lugares por la ciudad de Nueva York. En cada uno de estos lugares conocemos diferentes facetas de Mickey, y se van develando secretos que, si bien desde los primeros minutos de la película son mencionados, conforme pasa el tiempo vamos descubriendo nuevas facetas de nuestro protagonista. Esta elección narrativa aporta mucho a la tensión que se va generando conforme se acerca la hora de su pelea, pues debe estar listo a las seis de la tarde y, al parecer, él sabe que tiene que dejar todo listo para lo que será su última pelea… No es porque vaya a pasar algo, sino porque él solo está buscando la redención de su pasado.

Esta cinta está filmada en blanco y negro, y lo que podría parecer un cliché en las películas con esta temática, es llevado de una manera magistral por el director de fotografía Peter Simonite*, que permite colocar a este filme en un espacio temporal que es parte del imaginario del boxeo. Por otra parte, la banda sonora es clave (Ben MacDiarmid), con un uso muy marcado de música clásica, canciones de la cultura pop y arreglos orquestales que contrastan con la brutalidad del entorno de nuestro querido boxeador. Finalmente, la edición es uno de los elementos que aporta a que la historia fluya de una manera muy natural, ya que, a pesar de no ver un montaje grandilocuente, la simpleza de este nos acerca a la historia.

El día de la pelea es una película que nos cuenta lo que parece la inminente tragedia de un excampeón que está dispuesto a arriesgar su vida por encontrar la redención de un pasado caótico. Y, a pesar de acompañar al protagonista solo por unas horas en la antesala de su gran pelea, el recorrido que hace por varios puntos de Nueva York nos va revelando la complejidad del personaje. Este recorrido íntimo se ve elevado por una ejecución técnica impecable, donde la atemporalidad del blanco y negro dialoga con una banda sonora contrastante y una edición sutil para sumergirnos por completo en la psique del protagonista; para este punto, ya no estamos frente a un simple drama deportivo, sino en el viaje de un héroe. Mikey encarna a la perfección el concepto nietzscheano del Amor Fati, porque ya no desea borrar su oscuro pasado; él es consciente de que cada error, trauma y dolor lo trajeron hasta este instante y, aun así, no logra encontrar la paz, pues será hasta que toque la campana del último round cuando el verdadero peso de la redención y su efecto maravillosamente liberador hagan su aparición en la pantalla.

  1. Cineteca Nacional ↩︎

UN POETA

O de como reirse en el arte (Colombia, Alemania, Suecia, 2025, 120min)

Un poeta es una comedia bastante negra, a ratos poética. Esta película de Simón Mesa Soto nos cuenta la historia de Óscar (Ubeimar Ríos), un poeta mediocre que, además de inmaduro, es alcohólico. En un intento de recuperar la relación con su hija, trata de cambiar y termina dando clases en una secundaria; ahí es donde la redención comienza: ha encontrado una joven promesa. Sin embargo, no todo es lo que parece, y el camino de nuestro protagonista se pondrá cada vez más complicado. En un principio, la joven poeta, Yurlady (Rebeca Andrade), con solo 15 años, a quien no le gusta la poesía y sueña con una vida tranquila, es arrastrada por el deseo de una maquinaria cultural. Esta comedia se desborda en un sinfín de situaciones, en principio graciosas, pero que tienen un fondo cada vez más visible.

La trama, escrita por el mismo director, nos va llevando a través de un ritmo rápido por una caricaturización de la poesía, la educación, la familia, los márgenes, lo popular, la miseria humana y mucho llanto. Tal vez con un llanto a la menor provocación, pues Óscar no es más que un cúmulo de malestares que inciden en sus decisiones, donde la redención que busca cada vez está más lejos y quizá nunca llegue. Es por lo anterior que la película se da el lujo de alejar la cámara de los personajes principales para mostrar un poquito de las diferentes capas de las que se compone.

Un poeta es una cinta que se da bastantes libertades, y una de las principales es la forma en que está fotografiada: la cámara en mano, una paleta descolorida y los recorridos en vehículos con simples montajes aportan mucho al ambiente cómico, sin dejar cerrada la posibilidad de acentuar el lenguaje cinematográfico para profundizar en una que otra escena. Por su parte, el apartado sonoro incluye sus buenos descubrimientos de la música popular colombiana.

Una comedia negra de ritmo acelerado, con una caótica búsqueda de redención de Óscar y el arrastre de la joven Yurlady hacia una maquinaria cultural es una premisa bastante ad hoc para hacernos reir y ¡funciona! como una aguda caricaturización de un mundo posible, que se sostiene de una atmósfera irónica. Este filme se apoya en libertades técnicas muy marcadas, destacando la inestabilidad de la cámara en mano, una paleta descolorida y un apartado sonoro interesante , con varios contrastes. Vemos más un dibujo que una foto, pues sus personajes, ambientes y acciones conforman un rico imaginario que parece partir de una literalidad heredada, quizá, del realismo mágico.

  1. Cinemateca de Colombia ↩︎

BANEL & ADAMA

O de como el amor se convierte en una frontera

Banel y Adama están locamente enamorados. Este joven matrimonio vive en una remota aldea del norte de Senegal. Para ellos no existe nada más. Sin embargo, su perfecto amor eterno choca con las costumbres de su comunidad. Porque en este mundo no hay lugar para la pasión, y mucho menos para el caos.

Banel & Adama (Senegal, 2023, 87 min) nos cuenta lo que parece ser una historia de amor heteronormada y hegemónica, pero estamos muy lejos de esas latitudes. Esta historia comienza con la muerte del hermano y el padre de Adama; por ello, él tiene que tomar el liderazgo de la aldea, pero tan solo tiene 19 años. Lo que Adama (Mamadou Diallo) quiere es vivir tranquilamente con Banel (Khady Mane), con quien se acaba de casar porque, al morir su hermano, el Corán dicta que él es quien debe casarse con ella… Al parecer, ellos ya estaban enamorados desde niños. Por su parte, Banel es una mujer de espíritu rebelde que constantemente cuestiona las tradiciones de su aldea y busca imponer sus deseos por encima de todo. Sin embargo, esto tendrá consecuencias tanto para su relación con Adama como para la aldea completa.

La trama de esta cinta, escrita y dirigida por Ramata-Toulaye Sy, nos lleva por un desierto de emociones, tradiciones y condiciones materiales que nos hacen preguntarnos sobre la importancia del amor en tiempos de caos. Esta historia de amor se intensifica cuando las prioridades de los protagonistas parecen ir una contra la otra; o así es como lo ve Banel, quien, desde su individualismo, se reafirma como un ser diferente a su entorno, y está segura de que Adama también lo es. La aldea atraviesa un periodo de sequía y las circunstancias cada vez se ponen más complicadas para todos los habitantes. Adama, al rechazar la jefatura de su aldea, se siente responsable, mientras que Banel se obsesiona en desenterrar una casa a las afueras del pueblo para que ellos puedan vivir libremente.

En cuestiones técnicas, esta película cumple y aprovecha el entorno “salvaje” para mostrar una forma diferente de ver y relacionarse con la naturaleza. Sin tanto artilugio técnico, pero sí con una gran habilidad por parte del director de fotografía, Amine Berrada, nos regala un par de escenas alegóricas que envuelven de una forma mística la intención de no contar una historia cerrada, sino todo lo contrario: abrirla a las posibilidades de cada uno de los espectadores. En otro sentido, es importante resaltar que los protagonistas de esta historia no son actores profesionales; sin embargo, el realismo de sus acciones aporta grandes momentos a esta historia de amor.

Romper con los esquemas de amor no es cosa sencilla, más si te encuentras desde un margen o la frontera misma. En este sentido, la directora Ramata-Toulaye Sy acierta al no tomar un partido claro ni emitir juicios morales definitivos sobre las acciones de sus protagonistas. Más allá de articular un discurso complaciente para situarnos cómodamente en los terrenos de los estudios de género —donde resultaría muy fácil encasillar a Banel únicamente como un símbolo de empoderamiento frente al patriarcado—, la cinta abraza la contradicción, el egoísmo y el peso de la realidad material. Es justo en esta ambigüedad donde la obra enlaza profundamente con lo que nos dice Walter Benjamin sobre el margen: para el pensador alemán, la verdadera historia y los destellos críticos de la sociedad no se comprenden desde los centros de poder o los discursos hegemónicos, sino desde la periferia, las ruinas y los excluidos. La aldea asediada por la sequía y esa casa que Banel se empeña en desenterrar de la arena representan ese margen que, en la cultura del siglo XXI, ha cobrado un lugar protagónico. Hoy en día, la frontera ha dejado de ser el límite o el “fin” del mundo para convertirse en el epicentro indispensable desde el cual debemos repensar nuestras crisis globales —desde el colapso climático hasta nuestras formas de vincularnos afectivamente—. Al final, Banel & Adama nos recuerda que es precisamente en la periferia donde el amor, en medio del caos, revela su rostro más crudo y auténtico.