NINGUNA OTRA TIERRA

O de como la revolución nunca llegará (Palestina[Ocupado]-Noruega, 2024, 92 mins.)

No Other Land es un documental que, por el solo hecho de existir, no solo ofrece una ventana y una perspectiva del mundo en que realmente vivimos, sino que representa una intersección en la historia de la humanidad. Es un trabajo conjunto de Yuval Abraham, Basel Adra, Hamdan Ballal y Rachel Szor, que nos sitúa en Masafer Yatta, en el extremo sur de Cisjordania, en el Estado de Palestina. El conflicto en este territorio no es ninguna novedad; la historia trata sobre un fragmento del gran plan de desplazamiento forzado, migración y apartheid que inició hace ya varias décadas por parte del Estado sionista. Regresando a la narrativa, a quienes vemos en pantalla es a Basel Adra (abogado y periodista) y a Yuval Abraham (periodista). Sin embargo, más que contarnos una historia, los vemos interactuando con esa realidad a la que se ve arrojado un niño, que se ve obligado a enfrentar a un soldado o a ver su casa derrumbada en minutos. Aquí el presente se arrastra entre gritos, disparos y explosiones.

Una de las muchas razones por las que ver este documental enriquece nuestra mirada es la forma en la que está hecho. Hay otras dos personas que intervienen en este gran conflicto (ese que ojalá el mundo viera de forma más aristotélica y menos utilitarista). Esta dupla, conformada por Hamdan Ballal (fotógrafo y agricultor) y Rachel Szor (directora de fotografía), teje una serie de fragmentos que se mueven en diferentes líneas espacio-temporales sin perder el foco: concebirse como “un acto de resistencia creativa y pacífica contra el desplazamiento forzado”.

Esta película es solo un pretexto que ha dejado una cicatriz en el cine contemporáneo, pero lo cierto es que las heridas aún no han cerrado…

Basel Adra ha sufrido de constantes hallanamientos a su casa. Las fuerzas militares de Israel asaltaron la casa de Adra en la aldea de at-Tuwani, confiscando y registrando los teléfonos de su familia. El incidente ocurrió tras un ataque previo de colonos radicales que dejó heridos a dos de sus hermanos y a un primo.2

Hamdan Ballal en marzo de 2025, justo después de regresar de la ceremonia de los Premios Óscar, Ballal fue emboscado por colonos israelíes, golpeado y posteriormente detenido por el ejército. Pasó la noche esposado y vendado en una base militar antes de ser liberado con heridas en la cabeza y el estómago tras la presión internacional.3

Awdah Hathaleen, un activista local, futbolista y consultor clave en la producción de No Other Land, fue asesinado de un disparo en el pecho por un colono israelí durante una incursión en el pueblo de Umm al-Khair. 4

  1. IMDB ↩︎
  2. https://www.timesofisrael.com/west-bank-home-of-basel-adra-activist-and-oscar-winning-director-raided-by-idf/ ↩︎
  3. https://www.aljazeera.com/news/2026/2/16/one-year-on-no-other-land-co-director-says-israeli-attacks-intensifying ↩︎
  4. https://www.aljazeera.com/news/2026/2/16/one-year-on-no-other-land-co-director-says-israeli-attacks-intensifying ↩︎

EL DÍA DE LA PELEA

O de como vivir para la eternidad (Day of the Fight, Estados Unidos, 2023, Dur.: 108 mins.)

El día de la pelea definitivamente es una película que, si practicas algún deporte o tienes un pasado que te persigue, es imperdible. El director Jack Huston nos cuenta la historia de Mickey, un excampeón de boxeo que lleva diez años sin tener una pelea en serio, ya que, después de estar en prisión, nadie lo toma en serio. Sin embargo, le han conseguido una pelea por el campeonato en el Madison Square Garden; pero no todo son buenas noticias para este peleador, pues después de un traumatismo, el doctor le comunica que tiene un aneurisma que pone en riesgo su vida si recibe un golpe en su cabeza. Lo anterior no lo detiene y el protagonista busca una redención, por lo que esta pelea es su última oportunidad de recuperar la felicidad y, en una de esas, también su título de campeón.

La trama de la película se disfruta desde el primer momento, ya que lo que vemos en pantalla no es nada más que las 24 horas previas a su pelea. Inicia, por supuesto, con una secuencia de entrenamiento al amanecer, para después irlo acompañando a diferentes lugares por la ciudad de Nueva York. En cada uno de estos lugares conocemos diferentes facetas de Mickey, y se van develando secretos que, si bien desde los primeros minutos de la película son mencionados, conforme pasa el tiempo vamos descubriendo nuevas facetas de nuestro protagonista. Esta elección narrativa aporta mucho a la tensión que se va generando conforme se acerca la hora de su pelea, pues debe estar listo a las seis de la tarde y, al parecer, él sabe que tiene que dejar todo listo para lo que será su última pelea… No es porque vaya a pasar algo, sino porque él solo está buscando la redención de su pasado.

Esta cinta está filmada en blanco y negro, y lo que podría parecer un cliché en las películas con esta temática, es llevado de una manera magistral por el director de fotografía Peter Simonite*, que permite colocar a este filme en un espacio temporal que es parte del imaginario del boxeo. Por otra parte, la banda sonora es clave (Ben MacDiarmid), con un uso muy marcado de música clásica, canciones de la cultura pop y arreglos orquestales que contrastan con la brutalidad del entorno de nuestro querido boxeador. Finalmente, la edición es uno de los elementos que aporta a que la historia fluya de una manera muy natural, ya que, a pesar de no ver un montaje grandilocuente, la simpleza de este nos acerca a la historia.

El día de la pelea es una película que nos cuenta lo que parece la inminente tragedia de un excampeón que está dispuesto a arriesgar su vida por encontrar la redención de un pasado caótico. Y, a pesar de acompañar al protagonista solo por unas horas en la antesala de su gran pelea, el recorrido que hace por varios puntos de Nueva York nos va revelando la complejidad del personaje. Este recorrido íntimo se ve elevado por una ejecución técnica impecable, donde la atemporalidad del blanco y negro dialoga con una banda sonora contrastante y una edición sutil para sumergirnos por completo en la psique del protagonista; para este punto, ya no estamos frente a un simple drama deportivo, sino en el viaje de un héroe. Mikey encarna a la perfección el concepto nietzscheano del Amor Fati, porque ya no desea borrar su oscuro pasado; él es consciente de que cada error, trauma y dolor lo trajeron hasta este instante y, aun así, no logra encontrar la paz, pues será hasta que toque la campana del último round cuando el verdadero peso de la redención y su efecto maravillosamente liberador hagan su aparición en la pantalla.

  1. Cineteca Nacional ↩︎

UN POETA

O de como reirse en el arte (Colombia, Alemania, Suecia, 2025, 120min)

Un poeta es una comedia bastante negra, a ratos poética. Esta película de Simón Mesa Soto nos cuenta la historia de Óscar (Ubeimar Ríos), un poeta mediocre que, además de inmaduro, es alcohólico. En un intento de recuperar la relación con su hija, trata de cambiar y termina dando clases en una secundaria; ahí es donde la redención comienza: ha encontrado una joven promesa. Sin embargo, no todo es lo que parece, y el camino de nuestro protagonista se pondrá cada vez más complicado. En un principio, la joven poeta, Yurlady (Rebeca Andrade), con solo 15 años, a quien no le gusta la poesía y sueña con una vida tranquila, es arrastrada por el deseo de una maquinaria cultural. Esta comedia se desborda en un sinfín de situaciones, en principio graciosas, pero que tienen un fondo cada vez más visible.

La trama, escrita por el mismo director, nos va llevando a través de un ritmo rápido por una caricaturización de la poesía, la educación, la familia, los márgenes, lo popular, la miseria humana y mucho llanto. Tal vez con un llanto a la menor provocación, pues Óscar no es más que un cúmulo de malestares que inciden en sus decisiones, donde la redención que busca cada vez está más lejos y quizá nunca llegue. Es por lo anterior que la película se da el lujo de alejar la cámara de los personajes principales para mostrar un poquito de las diferentes capas de las que se compone.

Un poeta es una cinta que se da bastantes libertades, y una de las principales es la forma en que está fotografiada: la cámara en mano, una paleta descolorida y los recorridos en vehículos con simples montajes aportan mucho al ambiente cómico, sin dejar cerrada la posibilidad de acentuar el lenguaje cinematográfico para profundizar en una que otra escena. Por su parte, el apartado sonoro incluye sus buenos descubrimientos de la música popular colombiana.

Una comedia negra de ritmo acelerado, con una caótica búsqueda de redención de Óscar y el arrastre de la joven Yurlady hacia una maquinaria cultural es una premisa bastante ad hoc para hacernos reir y ¡funciona! como una aguda caricaturización de un mundo posible, que se sostiene de una atmósfera irónica. Este filme se apoya en libertades técnicas muy marcadas, destacando la inestabilidad de la cámara en mano, una paleta descolorida y un apartado sonoro interesante , con varios contrastes. Vemos más un dibujo que una foto, pues sus personajes, ambientes y acciones conforman un rico imaginario que parece partir de una literalidad heredada, quizá, del realismo mágico.

  1. Cinemateca de Colombia ↩︎

BANEL & ADAMA

O de como el amor se convierte en una frontera

Banel y Adama están locamente enamorados. Este joven matrimonio vive en una remota aldea del norte de Senegal. Para ellos no existe nada más. Sin embargo, su perfecto amor eterno choca con las costumbres de su comunidad. Porque en este mundo no hay lugar para la pasión, y mucho menos para el caos.

Banel & Adama (Senegal, 2023, 87 min) nos cuenta lo que parece ser una historia de amor heteronormada y hegemónica, pero estamos muy lejos de esas latitudes. Esta historia comienza con la muerte del hermano y el padre de Adama; por ello, él tiene que tomar el liderazgo de la aldea, pero tan solo tiene 19 años. Lo que Adama (Mamadou Diallo) quiere es vivir tranquilamente con Banel (Khady Mane), con quien se acaba de casar porque, al morir su hermano, el Corán dicta que él es quien debe casarse con ella… Al parecer, ellos ya estaban enamorados desde niños. Por su parte, Banel es una mujer de espíritu rebelde que constantemente cuestiona las tradiciones de su aldea y busca imponer sus deseos por encima de todo. Sin embargo, esto tendrá consecuencias tanto para su relación con Adama como para la aldea completa.

La trama de esta cinta, escrita y dirigida por Ramata-Toulaye Sy, nos lleva por un desierto de emociones, tradiciones y condiciones materiales que nos hacen preguntarnos sobre la importancia del amor en tiempos de caos. Esta historia de amor se intensifica cuando las prioridades de los protagonistas parecen ir una contra la otra; o así es como lo ve Banel, quien, desde su individualismo, se reafirma como un ser diferente a su entorno, y está segura de que Adama también lo es. La aldea atraviesa un periodo de sequía y las circunstancias cada vez se ponen más complicadas para todos los habitantes. Adama, al rechazar la jefatura de su aldea, se siente responsable, mientras que Banel se obsesiona en desenterrar una casa a las afueras del pueblo para que ellos puedan vivir libremente.

En cuestiones técnicas, esta película cumple y aprovecha el entorno “salvaje” para mostrar una forma diferente de ver y relacionarse con la naturaleza. Sin tanto artilugio técnico, pero sí con una gran habilidad por parte del director de fotografía, Amine Berrada, nos regala un par de escenas alegóricas que envuelven de una forma mística la intención de no contar una historia cerrada, sino todo lo contrario: abrirla a las posibilidades de cada uno de los espectadores. En otro sentido, es importante resaltar que los protagonistas de esta historia no son actores profesionales; sin embargo, el realismo de sus acciones aporta grandes momentos a esta historia de amor.

Romper con los esquemas de amor no es cosa sencilla, más si te encuentras desde un margen o la frontera misma. En este sentido, la directora Ramata-Toulaye Sy acierta al no tomar un partido claro ni emitir juicios morales definitivos sobre las acciones de sus protagonistas. Más allá de articular un discurso complaciente para situarnos cómodamente en los terrenos de los estudios de género —donde resultaría muy fácil encasillar a Banel únicamente como un símbolo de empoderamiento frente al patriarcado—, la cinta abraza la contradicción, el egoísmo y el peso de la realidad material. Es justo en esta ambigüedad donde la obra enlaza profundamente con lo que nos dice Walter Benjamin sobre el margen: para el pensador alemán, la verdadera historia y los destellos críticos de la sociedad no se comprenden desde los centros de poder o los discursos hegemónicos, sino desde la periferia, las ruinas y los excluidos. La aldea asediada por la sequía y esa casa que Banel se empeña en desenterrar de la arena representan ese margen que, en la cultura del siglo XXI, ha cobrado un lugar protagónico. Hoy en día, la frontera ha dejado de ser el límite o el “fin” del mundo para convertirse en el epicentro indispensable desde el cual debemos repensar nuestras crisis globales —desde el colapso climático hasta nuestras formas de vincularnos afectivamente—. Al final, Banel & Adama nos recuerda que es precisamente en la periferia donde el amor, en medio del caos, revela su rostro más crudo y auténtico.

SIRAT

O de como perderse en una realidad contemporánea

Sirat (España-Francia, 2025, 115 min), sin duda, es una película diferente. El director Oliver Laxe proyecta una road movie que transcurre en el desierto de Marruecos. La historia comienza en los preparativos de una rave, con paisajes inmensos y sonidos intensos. En ese escenario, un padre (Sergi López) y su hijo (Bruno Núñez) están repartiendo volantes con la esperanza de obtener alguna información sobre Mar, la hija y hermana de nuestros aparentes protagonistas. La fiesta arranca y lo caótico comienza a hacerse presente; para aderezar este entorno caótico, la guerra acaba de estallar, por lo que el ejército llega para trasladar a los asistentes de la fiesta. Sin embargo, un grupo escapa del cerco y es seguido por nuestros protagonistas.

La trama continúa en un viaje por el desierto con el objetivo de llegar a otra fiesta, guiados por un grupo de personas muy singulares, con un aparente sentido de comunidad, pero con una serie de comportamientos contradictorios. Por otra parte, Luis y Esteban (padre e hijo) no tienen muchas opciones y continúan el viaje a pesar de no estar preparados para lo que enfrentarán en el camino. Desafiando las convenciones de la estructura narrativa, la búsqueda de Mar pasa a un segundo plano, y lo que en un principio parecía un paraíso poco a poco se convertirá en un infierno.

En cuestiones técnicas, la fotografía a cargo de Mauro Herce es el timón de la película; a falta de una estructura narrativa visible, es la imagen la que nos cuenta lo que los pocos diálogos no hacen. Por otra parte, el sonido es como un aderezo para este filme, que si bien no tengo claro qué busca provocar en los espectadores, lo cierto es que plantea una serie de preguntas sobre nuestra condición actual como sociedad. Un elemento que vale la pena resaltar es la estética lograda: nos encontramos en un ambiente apocalíptico que contrasta con la fragilidad del cuerpo en movimiento capturado por la cámara.

En definitiva, Sirat se consolida como una road movie atípica donde la caótica huida por el desierto marroquí desdibuja su premisa inicial de búsqueda familiar para arrastrar a sus personajes hacia un infierno existencial. Sostenida por la inmersiva fotografía de Mauro Herce, la obra prioriza la fuerza de la imagen sobre la estructura narrativa, logrando una estética apocalíptica que resalta la máxima fragilidad del cuerpo humano. Más allá de su propuesta técnica, este viaje sirve como un claro guiño al inestable panorama geopolítico contemporáneo; el repentino estallido bélico y el cerco militar nos recuerdan el concepto de “estado de excepción” de Giorgio Agamben, retratando cómo el orden jurídico y social se suspende frente a la crisis, despojando a los individuos de sus derechos y reduciéndolos a una mera “nuda vida” obligada a vagar por un entorno hostil donde impera la pura supervivencia.

  1. Cineteca Nacional ↩︎