EL FILMADOR

O de como transmutar los recuerdos

El filmador (Uruguay, 2021, 70 min) es una película que captura un pedazo del mundo literario de mediados del siglo XX, donde aparece la figura del escritor latinoamericano y también de la escritora latinoamericana (invisibilizada por la desigualdad de género). Los protagonistas, Amanda Berenguer y José Pedro Díaz, viajan a París; sin embargo, el viaje, que es el eje de la estructura narrativa de la película, se entrelaza con el discurso del presente: este tiempo de los que son y observan a los que ya no son. El presente también es registro, es memoria y testigo. Y algunas personas les hacen espacio en las bibliotecas nacionales para resguardar lo suyo, lo dicho.

Viajar es romper con la costumbre y eso lo sabe el director Aldo Garay, Entonces, es esta paradoja la que permite adentrarse en el registro de la reflexión artística. Se percibe la derrota del sujeto de la posguerra ante la vorágine del tiempo y sus mecanismos, la cual había llevado a los y las artistas a ser estereotipos, no tanto por una moda, sino por el compromiso con lo cotidiano. Quizá por lo anterior, uno de los protagonistas adquiere una cámara de 8 mm; en otras palabras, un objeto técnico que nos atraviesa a todos: tanto al director como al investigador, al espectador, a la biblioteca o a su propio hijo.

La historia es el viaje, nada más y nada menos. Sin embargo, el montaje es un elemento que permite tener una lectura con mayor profundidad, ya que despliega varios tiempos narrativos y, sobre todo, logra un ritmo en el que se construye una estructura de la realidad, donde los protagonistas pasan a ser todos los que están frente a la cámara. Allí, no solo los sujetos, sino también los objetos, son vistos bajo el lente y son el resultado de una realidad aparte, representada en un entramado bien delimitado, por lo que me atrevo a decir que es un documental con muchos aires de ficción.

Los y las protagonistas del cine son una cosa y las personas en la vida real son otra, o ¿quizá no? Ser o no ser: se ha dicho mucho, en muchas lenguas, en muchos lenguajes. Por suerte, el mundo no se limita al ser y existe con y para él —por supuesto que sí— si estamos situados en terrenos cinematográficos. El filmador es mucho más que el registro de un viaje a París y el rescate de la memoria literaria; es una profunda reflexión artística posibilitada por una cámara de 8 mm. Todo este entramado visual y narrativo nos conduce a la interrogante esencial sobre la existencia: Los protagonistas trascienden su condición de simples mortales para habitar un terreno puramente cinematográfico, comprobando que, bajo la mirada del cine, el mundo y la memoria no solo son, sino que se reinventan y perduran a través de la imagen.

  1. MUBI ↩︎

DRØMMER

O como visitar los orígenes del amor

Sueños / Sexo-Amor (Noruega, 2024, 110 min) es una película que vale la pena ver si uno quiere recordar cómo fueron esas primeras pinceladas de amor. La protagonista, Johanne (Ella Øverbye), al iniciar el semestre en la preparatoria, experimenta el despertar del amor; sin embargo, algo no comienza bien, porque es de su profesora de francés (Selome Emnetu) de quien se ha enamorado. En una solitaria travesía amorosa, Johanne construye una imagen del amor conforme las interacciones con su profesora aumentan, para tener un desenlace como el de casi todos los amores en el mundo. Sin embargo, la historia apenas comienza, pues ella escribió sobre esta experiencia, que eventualmente llega a manos de su abuela (Anne Marit Jacobsen), una escritora publicada, y de su madre (Ane Dahl Torp), que siempre está ocupada.

Continúo con una advertencia para el espectador o espectadora: no se desespere si en la primera parte de la película solo vemos y escuchamos una especie de monólogo de la protagonista. Por una parte, es porque solo ella es quien nos puede contar sobre su experiencia amorosa, y por otra, será quizá un recurso del director Dag Johan Haugerud (que, como dato extra, también escribió esta película y es parte de una trilogía). Regresando a la trama, lo escandaloso de la situación es presentado naturalmente, y las reacciones que vemos en pantalla solo pertenecen a los personajes de esta historia de (des)amor. De la misma forma, la sexualidad se destaca por una especie de ausencia/presencia que coloca al espectador en un punto primigenio del que parte para hacer su propia imagen.

En cuestiones técnicas, la película cumple. Se nota una visión contemporánea de cómo hacer cine, sin tantos cortes, con secuencias amables a la narrativa y encuadres estilizados con el objetivo de descansar la mirada y solo preocuparnos por contemplar la historia de Johanne. El ritmo de la película se dicta en el set de grabación y no en la sala de edición, lo que significa que el director de montaje trabajó principalmente en seleccionar la toma donde el “ritmo emocional” de las actrices fuera perfecto desde el grito de “acción” hasta el “corte”.

Sueños en Oslo, como también se ha traducido, es una película minimalista con temas gigantescos: los sueños, el amor y el sexo. Cada uno es un punto de inflexión tanto para la protagonista como para nosotrxs. A través de guiños y un interesante final, se dicta una postura y una intención de deconstruir estos temas desde una mirada analítica, pero sin dejar lo sentimental de lado, en una especie de sentipensar cinematográfico. Pues, al final, esta cinta es un gran ensayo de la naturaleza humana en un momento crucial como lo es la adolescencia… el comienzo de la integración de nuestro ser a la interseccionalidad de la vida “adulta”.

  1. https://www.filmoteca.unam.mx/exhibiciones/78-muestra-internacional-de-cine/suenos-sexo-amor-drommer/ ↩︎

UNA BATALLA TRAS OTRA

O de como seguimos romantizando la revolución

Una batalla tras otra (Estados Unidos, 2025, 161 min.) La gran industria cinematográfica lo vuelve a hacer. Paul Thomas Anderson toma una premisa parte de la agenda geopolítica actual en un relato atractivo en varios aspectos. La historia es de Bob (Leonardo DiCaprio), un exrevolucionario, sacado de una imagen remanente de los viejos líderes revolucionarios y un estereotipo. Él y su hija intentan vivir una vida “normal”, pero resulta que su sola existencia se interpone en los planes de uno de sus antiguos adversarios, un tal coronel algo Ejército/supremacía/racismo (Sean Penn). Así, de un día para otro, Willa (Chase Infiniti) desaparece en una furgoneta blanca; está en peligro. Y su padre, que si bien está oxidado, no deja de ser un ser violento con experiencia, hará lo que sea necesario para rescatarla.

El tema de esta cinta tiene una buena dirección y tiene varias perspectivas, porque hablar de actos revolucionarios nunca será suficiente. El guion, a cargo del director en conjunto con Thomas Pynchon, va de lo general a lo particular, y eso lo hace bastante bien. Cada uno de los personajes es mostrado, con excelentes actuaciones, en diferentes fragmentos de su identidad. Así, el presente y el pasado están dictando esa referencia de progreso, que, como resultado de la cultura visual que heredamos, construye una forma de normalización de los actores en la escena político-social: lxs buenxs y lxs malxs.

En términos técnicos, impecable, hasta se permite sutilezas por parte de Michael Bauman al utilizar VistaVision, un formato horizontal de 35 mm de alta resolución que es especialmente útil para secuencias con acción y paisajes amplios. La música, en manos de Jonny Greenwood, sugiere una banda sonora sofisticada y al mismo tiempo es tensa, clave para sostener el tono político/paranoico. Finalmente, la ambientación de un mundo latino migrante, más allá de que es políticamente correcta, contradictoria y romantizada, es digna de representar el imaginario, ese mismo que se cuestiona también este filme, ¿o no?… ¿Acaso no es eso la revolución?

Una batalla tras otra, entrelaza la violenta odisea de un exrevolucionario por rescatar a su hija con una deconstrucción profunda de las dicotomías sociopolíticas que nuestra cultura visual ha normalizado. Este thriller geopolítico trasciende la acción pura para adentrarse en un profundo escrutinio de la identidad y de las dicotomías sociopolíticas entre el bien y el mal. Culmino cuestionando la esencia misma de la lucha social dentro de una aparato cultural. Repensemos la revolución, tal como propone el filósofo Giorgio Agamben, no como la toma del aparato estatal para instaurar un nuevo régimen, sino como el ejercicio de una “potencia destituyente” que desactive las estructuras opresivas del poder para liberar genuinamente la vida.

  1. IMDB ↩︎

OJO DE PERDIZ

escrita y dirigida por Miriam Cházaro / Compañía titular de Teatro de la Universidad Veracruzana

Perdiz f. Ave gallinácea, de hasta 40 cm de longitud y 50 de envergadura, de cuerpo grueso, cabeza pequeña y plumaje pardo grisáceo con manchas rojas, muy apreciada como pieza de caza por su carne.

Ojo de perdiz trata la historia de una comunidad en la cuenca del Papaloapan. Es cortita, sí, pero de una gran riqueza en su lengua. Ya sea antes o después de ver la obra, leer el glosario de términos regionales nos hace parte de esta comunidad que se representa. Entonces, en la obra veremos a diferentes mujeres; cada una es trazada con actuaciones sobresalientes y una propuesta de escenografía bastante interesante: una suerte de plataforma asimétrica con un suelo que hace alusión al título de la obra, pues el ojo de perdiz no es el ojo de un ave, sino un tejido.

Regresando a las actuaciones y al uso del lenguaje, Ojo de perdiz nos invita a poner atención en las palabras y en la forma en que se dicen, para así entrar a navegar por los ríos de la comunidad veracruzana en una suerte de liberación que, en definitiva, presupone un cambio en la protagonista; sin embargo, cada uno de los diez actores en escena nos revela una cara distinta de lo que parece nunca cambiar: las tradiciones.

Así, las tradiciones y la comedia parecen ser el caldo perfecto para transportarnos por sesenta minutos a una población calurosa, con olor a caña y mosquitos en la sala. Donde cada situación en la que se irá metiendo nuestra protagonista nos arrancará varias sonrisas, pero con la esperanza de que su vida dé el giro que tanto busca y pueda demostrar que ella es más que solo una buena ortografía.

LA ULTIMA OPCIÓN

O de como la vida se pondrá cada vez peor

La última opción (Corea, 2025, 139 min). “¿Cómo se puede ir en contra del progreso?” es la pregunta del director Park Chan-wook, la cual brota como un árbol majestuoso que ostenta la edad del paso de los siglos. La cinta también es una comedia negra en la que el protagonista, Man-su (Lee Byung-hun), es despedido por luchar contra el despido de sus compañeros. Estar desempleado es una condición insostenible en un mundo perfecto; además, él no está solo. Vive con Miri (Son Ye-jin), dos hijos y un par de mascotas que se acomodan a un ideal tanto occidental como oriental. Al ver en peligro la continuidad de esta vida, y sin pensarlo mucho, Man-su tendrá que cometer una serie de crímenes en nombre del progreso.

Con plena sinceridad, esta película es una joya. Empecemos… La trama, aunque no se caracteriza por hacer algún juego fuera de lo común, tiene un ritmo interesante. Gran parte de este mérito se lo llevan las actuaciones. Estamos ante personajes que nos dicen mucho más con sus cuerpos que con sus diálogos; aun así, el guion tiene frases cargadas de imágenes que, en ciertas escenas, resuenan en un lenguaje cinematográfico excepcional. El guion, a cargo del director coreano y de Lee Kyoung-mi, es lo que sostiene esta gran historia, sin dejar cabos sueltos y trazando un viaje de principio a fin. Por supuesto, que hay varios giros de tuerca.

Sin embargo, tanto la fotografía (Kim Woo-hyung) como el diseño sonoro, en conjunto con la banda sonora, no son solo elementos que orbitan la historia, sino que también nos están contando cosas. Los movimientos de cámara, logrados mediante una novedosa técnica cinematográfica, vaya que la distinguen de otras películas. Por su parte, el diseño sonoro (Bock-Nam Ahn) tiene momentos climáticos que sumergen al espectador en una experiencia sonora, como una especie de rompimiento de la cuarta pared.

La última opción es una película que plantea un problema que nos trastoca a todos, pero lo hace con una complejidad y, al mismo tiempo, una sutileza dignas de verse. La obra expone el miedo que provoca la ilusión de un mundo perfecto y, sobre todo, cómo trastoca la identidad y la resuelve en un individualismo cautivo característico de nuestra época y de las que vienen. Park Chan-wook construye un mundo frío en el que la humanidad cree habitar la belleza del presente y, arrojada a él como un niño indefenso, se ve pisoteada por el lugar en el que no elegimos estar, sino en el que queremos estar. Un mundo sin consecuencias.

  1. Cineteca Nacional ↩︎

Un hombre sin pasado

o de como ser un humano del presente

Un hombre sin pasado (Finlandia-Alemania-Francia, 2002, 92 min.) es una película que vale la pena ver con ese espíritu palomero/pochoclero. La premisa de Kaurismäki es simple: un hombre, al que llamaremos M (Markku Peltola), llega a una ciudad nueva, al llegar, es golpeado con tal brutalidad que le hace perder la memoria. Tanto el espectador como él no saben nada del protagonista. En este camino desde lo desconocido se irá encontrando con varias personas y situaciones. Así de la nada, también nos veremos inmersos en una historia de amor al más puro estilo del director finlandés, que en mi opinión nos muestra historias reales, desprovistas de toda mirada occidental.

Lo anterior juega un papel muy importante para el desarrollo, pues estamos ante un lienzo en blanco y varios entornos que intentarán entrometerse en la historia. La trama, como mencioné en un inicio, es en esencia simple, sumado a que la profundidad de nuestro personaje no se plantea como un problema existencial. Hay estudios que sugieren que la memoria es parte importante de la personalidad. Entonces, nuestro personaje va reconstruyendo no solo su memoria, sino su personalidad, y nosotros como espectadores lo acompañamos en un mundo donde la humanidad está presente y las circunstancias parece que van orientando la voluntad; sin embargo, la profundidad existencial no es algo que acongoje a M, aunque en mí, al mirarla, logró ese efecto.

En cuestiones técnicas la película es impecable —claro, desde una óptica diferente—, y sí se nota el paso del tiempo; pero, ¿qué son dos décadas en avances cinematográficos? No obstante, la maestría de Aki Kaurismäki y Timo Salminen, director de fotografía, proyecta un mundo nórdico, con ambientes y paisajes no tan distintos a los nuestros, porque la cámara siempre está posada en las personas. Esta dupla es conocida por su estilo minimalista, luces planas (baja saturación) y una paleta de colores muy controlada, que en esta película incluye tonos verdes, grises y amarillos apagados. Esto no es un accidente: busca evocar un mundo desolado, marginal, pero con un matiz irónico y esperanzador.

Al entrelazar una premisa sencilla donde la amnesia permite reconstruir la personalidad mediante la calidez humana, con un minimalismo estético que dota de ironía y esperanza a los márgenes desolados de la sociedad, la cinta trasciende su aparente simpleza para adentrarse en una profunda exploración temporal del individuo. Es aquí donde la obra despliega su mayor fuerza reflexiva, al sumergirnos en la compleja paradoja de un hombre que, al ser despojado de su memoria, encuentra en la inmediatez pura del presente una luminosa y liberadora posibilidad de renunciar por completo al peso de su historia. No obstante, esta ilusión de un eterno empezar de nuevo choca irremediablemente con un trágico y poético contraste existencial, pues nos demuestra que, por más que el ser abrace el «ahora» como un refugio absoluto, ese pasado borrado se niega a desaparecer como una sombra indomable que, en silencio, aún existe en espera de reclamar su lugar.

  1. IMDB ↩︎

Capítulo 37

Para nosotros, físicos convencidos, la distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión, por obstinadamente persistente que sea.Albert Einstein

La casa armada, antes del anochecer, y la mirada hacia los cuerpos celestes. No hay mecanismos fríos ni calculadores solo un entorno en penumbras, anunciando que efectivamenrte todo el tiempo “pasan cosas”. Contemplo un organismo vasto, palpitante y divino.

Recuerdo a Giordado Bruno y su argumento que sostiene en la idea de un universo infinito y descentrado, donde cada astro, cada planeta y cada sol está dotado de un alma (anima mundi).

Bajo esta luz, los hechos astronómicos —un eclipse, el paso de un cometa, un alineamiento planetario— cobran un sentido ritualístico porque son, en esencia, los gestos de entidades vivas de una magnitud inconcebible.

El mar arroja la bruma, que ya cubre el cielo y sigue su camino hacia el poniente. El eclipse no se verá, es hora de dormir.

El portal mágico se abre porque el microcosmos (la humanidad) y el macrocosmos (el universo) están hechos de la misma sustancia divina y vibrante. Así, cuando Bruno habla de los cuerpos celestes, me pregunto si las estrellas resuenan en nosotros y provocan que “pasen cosas”, quizá es debido a una profunda simpatía cósmica.

Pero el motivo de este viaje me hace mirar al interior, y es allí donde Bergson emerge para subvertir esta fascinación por la inmensidad espacial.

El argumento central de Bergson radica en la tajante división entre el “tiempo espacializado” (el tiempo de los relojes, de las matemáticas y de la ciencia) y la durée o “duración pura” (el tiempo vivido por la consciencia).

Esta realidad no existe en el frío espacio de los cuerpos físicos de Bruno, sino en el cauce irrepetible de nuestra experiencia interior. La durée es un flujo continuo, heterogéneo e indivisible, donde el pasado, el presente y el futuro se funden y se interpenetran.

El portal no se abre allá arriba en el firmamento, sino aquí adentro, cuando la contemplación de una estrella fugaz o de una luna llena interrumpe nuestra cotidianidad y transforma nuestra textura emocional. Lo que hace que “pasen cosas” no es la gravedad de los planetas, sino cómo ese instante cósmico se incrusta en nuestra memoria viva, alterando cualitativamente nuestro devenir.

Tanto para Bruno, Bergson y para mi: el universo físico puede estar condenado a la repetición matemática de sus órbitas, pero en la durée del observador humano, cada noche estrellada es una experiencia absolutamente nueva, libre y creadora.

Valor sentimental

o de como las relaciones siguen siendo las protagonistas

Valor sentimental (Noruega-Alemania, 2025, 135 min) es la sexta película de Joachim Trier. En esta entrega nos proyecta la historia de una hija, que es una actriz con pánico escénico, y de un padre cineasta, algo pretencioso pero sin duda un gran artista. A partir de la ausencia es como se tejen las tramas posmodernas; en este caso vemos como punto de partida el rechazo de Nora (Renate Reinsve) a la propuesta de su padre (Stellan Skarsgård). Sin duda, esto será lo que distingue a esta película del típico drama de relaciones familiares. El pretexto: la actriz tiene que brillar en escena, el director tiene que terminar la película.

¿Cómo plantear la existencia de una relación si la distancia es el medio en el que se desenvuelve? Eso es lo que quizá se pregunta el director. Entonces la trama toma un rumbo interesante, con la premisa de la ausencia paterna y al introducir a una persona externa en la «no relación», de la que seremos testigos de cómo se revelan sus distintas verdades. Estamos ante un drama que asume la complejidad de la naturaleza humana, pero la reduce a un par de emociones, como la ira/violencia, y como un guiño la misma película pregunta… ¿por qué suicidarse?

Es curioso cómo la forma de contar historias va cambiando con el tiempo, sobre todo en cuestiones de montaje (Olivier Bugge), ya que con una buena edición la historia se desliza en tomas cotidianas, simples y ausentes de simbolismos, sin más intención que dejar que el tiempo siga su curso. Por otra parte, el diseño sonoro (Gisle Tveito) se disfruta sobremanera y aporta profundidad a la historia de una forma congruente, pero sin olvidar que esto es cine.

Esta película trasciende las convenciones del drama familiar al cimentar su narrativa en el rechazo inicial y la inmensa distancia entre una actriz y su padre cineasta, estableciendo así un marco donde la ausencia se dibuja en los diferentes vacíos que el arte logra capturar. Es precisamente en el centro de esta lejanía afectiva donde la obra logra destilar emociones viscerales y le otorga un cuerpo a lo que ya no está presente, culminando su reflexión para dejarnos suspendidos ante una última interrogante: ¿es verdaderamente posible un encuentro entre los múltiples espacios y tiempos que convergen dentro de esa casa que siempre fue el ineludible escenario principal de esta historia?

  1. MUBI ↩︎

Último tango en París

O de la como es la muerte en el amor

El último tango en París (Italia-Francia, 1972, 129min) es de esas película que el tiempo ha pasado por el color de sus siluetas, sin embargo la mirada del director Bernardo Bertolucci aporta a la idea de que el buen cine se sostiene entre la historia y su lenguaje. La historia, nada novedosa quizá, pues es Paris la ciudad del amor (?) Entonces estamos ante un triángulo amoroso, no obstante nuestros protagonistas: son una joven parísina (Maria Schneider) que es filmada en sus encuentros con su novio cineasta. Por el otro lado (Marlon Brando) un americano que atravieza la muerte de su esposa por que se suicidó.

La falsa idea de “en nombre del amor”, lleva a las personas perturbadas a sobrepasar los límites de lo racional. ¿Se puede hablar de lo racional en el cine? ¿Cómo trasciende la (meta)ficción a la realidad? Mientras tanto en la historia, inicia con un escuentro violento, más cercano a la violación, sin embargo el vínculo se mantiene y se desenvuelve la historia de dos desconocidos en un departamento vacio. Es aquí donde se nos proyecta el carácter onírico del mundo cultural. Los encuentros continuan, uno más violento que otro. Al salir de este departamento continuan con su vida porque mientras él intenta averiguar porque se ha matado su esposa, a quién parece no conocía por completo; ella solo busca escapar de la excesiva intromisión de su novio en su intimidad, sin mucho éxito.

Antes de continuar, dejo aquí un dato que si se ve antes o después de ver esta película, no importa pero es necesario tomarlo encuentra.

En cuestiones técnicas, estamos ante una “obra de arte” donde la fotografía (Vittorio Storaro) nos recuerda la grandilocuencia del discurso cinematrográfico. El sonido entra en un juego seductor de ambientación y experimentación sensorial postmoderna. Por su parte el guión escrito por el mismo director y Franco Arcalli construye una historia simple con escenas simbólicas que aportan humanidad para una trama que se sabe desafiante, en su contenido pero se relaja en su forma haciendo guiños a una narrativa que rompe la cuarta pared.

En definitiva, El último tango en París reafirma su vigencia a través de un lenguaje cinematográfico que subvierte el arquetipo clásico del romance parisino para presentarnos un complejo choque de soledades, donde la exploración de la irracionalidad humana y los vínculos cimentados en la violencia desdibujan constantemente las fronteras entre la metaficción y una cruda realidad; lo que revela que la principal ventaja de revisitar este tipo de cine a la luz de los cambios de paradigma contemporáneos radica en nuestra capacidad adquirida de disecar críticamente las dinámicas de poder, permitiéndonos apreciar el innegable valor estético y narrativo sin dejar de cuestionar los límites éticos y las transgresiones que en el pasado se llegaron a justificar en nombre del arte.

  1. IMDB ↩︎

Hamnet

O de como murió el drama en un bosque encantado

Hamnet (Reino Unido, 2025, Dur.: 125 mins.) es una película que vale la pena ver y sentir. Dirigida por Chloé Zhao, en su quinto largometraje, toma como pretexto una novela que al más sentido… ¿Qué pasaría sí William Shakespeaker…? Entonces, nos adentramos a una Inglaterra del siglo XVI, dónde dos jóvenes se enamoran; ella es una bruja del bosque heredera de varias generaciones de conocimiento, él es un maestro de latín, hijo de un curtidor violento. Para este punto lo que parece una historia de amor entre dos personas, se desenvuelve por completo en un momento crucial en la vida de nuestros protragonistas. –se podría hablar de tres protagonista dada la profundidad que se proyecta al posar la cámara en cada uno de ellos–. Después de algunos años, y varios infortunios vemos a una familia conformada por Agnes, su esposo y sus tres hijos, dos son gemelos: Olivia y Hanmet, pero están por vivir una de esas cosas en la vida de que por más que se quisera, no hay marcha atrás.

Estamos ante una historia con un gran conflicto, tanto el nacimiento como la muerte son elementos centrales, que por simple referencia se busca evocar la esencia del drama de una manera trascedental. Regresamos a la idea de los múltiples protagonistas, que no es la vida un conjunto de viviencias, algunas que se repiten tras generaciones, como le sucede a a nuestros protagonistas, siempre arrojados a la condición humana de seguir en pie, hasta el final de la escena, para luego desplomarnos en los sentires llenos de catarsis, porque donde hay conflicto, algo se libera.

Otra de las grandes razones porqué está pelicula tiene que verse, es por que está bien hecha, muchos valores de producción. Comencemos… La filmación se realizó en localizaciones de Gales y Herefordshire, Inglaterra,  ambiente auntentico con un toque escenografico. Por otra parte el vestuario diseñado por Malgosia Turzanska evita el la estética de “disfraz” y complementa con su estilo naturalista. Finalmente la fotografía a cargo de Łukasz Żal crea un aspecto visual poético, sutil y onírico; su cámara, una Alexa 35 de ARRI con lentes Zeiss y Angenieux que al mezclarlos con la luz natural (especialmente en interiores) atina con una gran ritmo contemplativo pero vivencial.

Todo lo anterior envuelve al espectador en un mundo sensorial que refuerza la dimensión catártica del relato y hace del conflicto un espacio de revelación. Así, la película no solo se contempla, sino que se siente como un susurro antiguo; entre una vida que irrumpe con la promesa de continuidad y la muerte que se impone con su irrevocable silencio. En Hamnet el drama no se extingue sino que se gesta de nuevo, porque es en la herida donde se muere que nace la tragedia que habrá de perdurar.

  1. Cineteca Nacional ↩︎