PADRE, MADRE, HERMANA, HERMANO

O de como las familias seguirán siendo una comedia (rlanda, Francia, 2025, 110 mins)

Jim Jarmusch nos presenta su nuevo filme con un nombre bastante largo, pero explicativo. En tres actos vamos a adentrarnos en la relación que nuestros personajes mantienen con alguna de sus figuras parentales. Unos hermanos visitan a su padre; dos hermanas toman el té con su madre y dos hermanos regresan a la casa abandonada de sus padres. Quizá el gran tema de esta película no es más que la distancia de las palabras que, a partir de la adultez de los hijos, va resquebrajando la ilusión de la unidad nuclear, familiar y fraternal.

En el primer acto, la situación es confusa, rara y hasta un poco injusta. El padre parece no tener una vida digna, donde las palabras son insuficientes y las apariencias se develan en una especie de fotografía conservadora del quehacer de los hijos ante la vejez, en este caso, de un padre. En el segundo acto, ahora son dos hermanas que, si bien distantes, se dibujan en pequeñas escenas que las encuentran en su ser como familia; sin embargo, siempre hay algo que interrumpe el momento y la verdadera comunicación se va al carajo. En el tercer acto las cosas parecen ser más naturales; claro, pues ni un padre ni una madre aparecen en escena, solo recuerdos compartidos en espacios vulnerables que aderezan una búsqueda imposible: una familia ejemplar.

Este filme tiene elementos de ambos mundos del cine, por decirlo de alguna manera. Por una parte, el elenco y la forma en que se sitúa la cámara sirven para tratar este tipo de temas subjetivos que forman parte de una agenda progresista en el buen sentido de la palabra; pero, a pesar del lugar común en el que se puede caer, la astucia del director —y con ella el uso del lenguaje cinematográfico— logra una especie de gravedad que atrae la mirada a la pantalla (a pesar de que, para momentos incómodos, mejor los de mi casa en la cena de Año Nuevo). Así, un montaje cuidado (Affonso Gonçalves), la composición creativa a cargo de Frederick Elmes y Yorick Le Saux, y el registro sonoro como parte de una gran conversación, sostienen escenas largas, a veces cómicas y en otras profundas, que nos permiten ser parte de estas disfuncionalidades contemporáneas.

Esta última entrega de Jim Jarmusch desglosa, a través de un tríptico afrancesado, tanto la erosión de los vínculos parentales y la fragilidad de la estructura nuclear se llevan a un margen cuando la madurez de los hijos termina por resquebrajar las ilusiones de la infancia. Al transitar desde la precariedad de un padre, la búsqueda de la aceptación de una madre y hasta la búsqueda de un ideal imposible entre hermanos, la película aunque lenta, llega a buen puerto. Esto porque la cinta utiliza un lenguaje cinematográfico sobrio para retratar cómo la verdadera comunicación siempre parece interrumpida por lo que no se dice. Gracias a un montaje y una composición visual que dotan de gravedad a lo cotidiano, el espectador es invitado a habitar la incomodidad de estas escenas donde la disfuncionalidad se vuelve el espejo de nuestras propias fracturas contemporáneas: al exponer el malestar inherente a la familia como una estructura fallida, recordándonos la premisa de Lacan sobre la inexistencia de una relación plena, pues el lenguaje siempre resulta insuficiente para colmar el vacío constitutivo que nos separa de ese Otro que es, al mismo tiempo, nuestra propia sangre.

  1. IMDB ↩︎

ELEFANTES FANTASMAS

O de como en la naturaleza no hay fantasmas (Estados Unidos-Angola-Namibia, 2025, 98 mins.)

Elefantes Fantasmas es un documental dirigido por Werner Herzog que trata sobre la naturaleza —de ello no cabe duda—, pero presenta varios elementos que le permiten alejarse de la convención cientificista, algo que se manifiesta incluso en su propuesta narrativa. La historia que nos cuenta es la de un biólogo, el Dr. Steve Boyes, poseedor de una obsesión científica que inicia en el Museo Nacional de Historia Natural Smithsoniano en Washington D. C. Su tesis busca demostrar si los “elefantes fantasma” de Angola son descendientes genéticos directos de Henry, el elefante Fénykövi. Este ejemplar fue cazado en los años 50 y es, oficialmente, el elefante más grande registrado en la historia moderna. El objetivo, entonces, es claro: adentrarse en terrenos inexplorados y encontrar a una manada que no quiere ser hallada.

Este filme, compuesto de planos submarinos, conversaciones amenas y paisajes nocturnos completamente aislados de la civilización, logra adentrarnos en la meseta angoleña. Para lograrlo, el equipo se desplazó exclusivamente a pie, en motocicletas ligeras y en canoas a través de ríos inexplorados, lo que, irónicamente, repercutirá en la obtención de una de las pruebas de la existencia de estos elefantes. Es precisamente aquí —a través de las fotografías, los videos, las huellas y el lenguaje— donde las visiones de muchas culturas convergen en un imaginario compartido de la realidad. Quizá este sea el acierto más inesperado del documental, ya que nuestra atención está puesta originalmente en encontrar a los elefantes más grandes del mundo: criaturas enormes que van dejando un rastro confuso para la mayoría, pero que responden a una lógica de supervivencia, al igual que los expertos que los acompañan en esta suerte de cacería humanista.

Al igual que el científico utiliza instrumentos para definir su objeto, el documentalista utiliza el encuadre, el montaje y la narrativa para extraer un sentido de la realidad caótica. Esto lo sabe muy bien Herzog; incluso podría decirse que tiene muy clara la filosofía de la naturaleza de Evandro Agazzi, donde la distinción entre realidad y objeto resulta fundamental para comprender la naturaleza de la representación. Mientras que la realidad es la totalidad inagotable y compleja de lo que existe, el objeto es un «recorte» o una sección de dicha realidad delimitada por un punto de vista específico. Estos elefantes son un recorte de una realidad que no solo atraviesa a un país o una época en específico, sino que desdobla una de las tantas contradicciones del paso del ser humano por la Tierra: mientras algunos han sobrevivido limitándose a observar el fluir de su entorno, otros —principalmente desde Occidente— han destrozado todo lo que queda a su paso.

El documental trasciende la búsqueda científica del elefante más grande del mundo para sumergirse en una expedición que, a través de una narrativa alejada de formas obsoletas, transforma el rastro de una manada esquiva en un punto de convergencia entre diversas visiones culturales de la naturaleza. Al aplicar la distinción de Agazzi, se evidencia que esta «cacería humanista» no pretende agotar la realidad inabarcable de la selva angoleña, sino construir un objeto de estudio que denuncia la contradicción entre la huella destructiva de Occidente y la supervivencia armónica del entorno. Bajo esta premisa, ¿podría la creación de este objeto documental, mediado por la técnica y la mirada humana, ser el instrumento necesario para que el hombre moderno reconozca la realidad inagotable de una naturaleza que se desvanece antes de que su propio afán reduccionista termine por destruirla?

  1. CINETECA NACIONAL ↩︎

NINGUNA OTRA TIERRA

O de como la revolución nunca llegará (Palestina[Ocupado]-Noruega, 2024, 92 mins.)

No Other Land es un documental que, por el solo hecho de existir, no solo ofrece una ventana y una perspectiva del mundo en que realmente vivimos, sino que representa una intersección en la historia de la humanidad. Es un trabajo conjunto de Yuval Abraham, Basel Adra, Hamdan Ballal y Rachel Szor, que nos sitúa en Masafer Yatta, en el extremo sur de Cisjordania, en el Estado de Palestina. El conflicto en este territorio no es ninguna novedad; la historia trata sobre un fragmento del gran plan de desplazamiento forzado, migración y apartheid que inició hace ya varias décadas por parte del Estado sionista. Regresando a la narrativa, a quienes vemos en pantalla es a Basel Adra (abogado y periodista) y a Yuval Abraham (periodista). Sin embargo, más que contarnos una historia, los vemos interactuando con esa realidad a la que se ve arrojado un niño, que se ve obligado a enfrentar a un soldado o a ver su casa derrumbada en minutos. Aquí el presente se arrastra entre gritos, disparos y explosiones.

Una de las muchas razones por las que ver este documental enriquece nuestra mirada es la forma en la que está hecho. Hay otras dos personas que intervienen en este gran conflicto (ese que ojalá el mundo viera de forma más aristotélica y menos utilitarista). Esta dupla, conformada por Hamdan Ballal (fotógrafo y agricultor) y Rachel Szor (directora de fotografía), teje una serie de fragmentos que se mueven en diferentes líneas espacio-temporales sin perder el foco: concebirse como “un acto de resistencia creativa y pacífica contra el desplazamiento forzado”.

Esta película es solo un pretexto que ha dejado una cicatriz en el cine contemporáneo, pero lo cierto es que las heridas aún no han cerrado…

Basel Adra ha sufrido de constantes hallanamientos a su casa. Las fuerzas militares de Israel asaltaron la casa de Adra en la aldea de at-Tuwani, confiscando y registrando los teléfonos de su familia. El incidente ocurrió tras un ataque previo de colonos radicales que dejó heridos a dos de sus hermanos y a un primo.2

Hamdan Ballal en marzo de 2025, justo después de regresar de la ceremonia de los Premios Óscar, Ballal fue emboscado por colonos israelíes, golpeado y posteriormente detenido por el ejército. Pasó la noche esposado y vendado en una base militar antes de ser liberado con heridas en la cabeza y el estómago tras la presión internacional.3

Awdah Hathaleen, un activista local, futbolista y consultor clave en la producción de No Other Land, fue asesinado de un disparo en el pecho por un colono israelí durante una incursión en el pueblo de Umm al-Khair. 4

  1. IMDB ↩︎
  2. https://www.timesofisrael.com/west-bank-home-of-basel-adra-activist-and-oscar-winning-director-raided-by-idf/ ↩︎
  3. https://www.aljazeera.com/news/2026/2/16/one-year-on-no-other-land-co-director-says-israeli-attacks-intensifying ↩︎
  4. https://www.aljazeera.com/news/2026/2/16/one-year-on-no-other-land-co-director-says-israeli-attacks-intensifying ↩︎

EL DÍA DE LA PELEA

O de como vivir para la eternidad (Day of the Fight, Estados Unidos, 2023, Dur.: 108 mins.)

El día de la pelea definitivamente es una película que, si practicas algún deporte o tienes un pasado que te persigue, es imperdible. El director Jack Huston nos cuenta la historia de Mickey, un excampeón de boxeo que lleva diez años sin tener una pelea en serio, ya que, después de estar en prisión, nadie lo toma en serio. Sin embargo, le han conseguido una pelea por el campeonato en el Madison Square Garden; pero no todo son buenas noticias para este peleador, pues después de un traumatismo, el doctor le comunica que tiene un aneurisma que pone en riesgo su vida si recibe un golpe en su cabeza. Lo anterior no lo detiene y el protagonista busca una redención, por lo que esta pelea es su última oportunidad de recuperar la felicidad y, en una de esas, también su título de campeón.

La trama de la película se disfruta desde el primer momento, ya que lo que vemos en pantalla no es nada más que las 24 horas previas a su pelea. Inicia, por supuesto, con una secuencia de entrenamiento al amanecer, para después irlo acompañando a diferentes lugares por la ciudad de Nueva York. En cada uno de estos lugares conocemos diferentes facetas de Mickey, y se van develando secretos que, si bien desde los primeros minutos de la película son mencionados, conforme pasa el tiempo vamos descubriendo nuevas facetas de nuestro protagonista. Esta elección narrativa aporta mucho a la tensión que se va generando conforme se acerca la hora de su pelea, pues debe estar listo a las seis de la tarde y, al parecer, él sabe que tiene que dejar todo listo para lo que será su última pelea… No es porque vaya a pasar algo, sino porque él solo está buscando la redención de su pasado.

Esta cinta está filmada en blanco y negro, y lo que podría parecer un cliché en las películas con esta temática, es llevado de una manera magistral por el director de fotografía Peter Simonite*, que permite colocar a este filme en un espacio temporal que es parte del imaginario del boxeo. Por otra parte, la banda sonora es clave (Ben MacDiarmid), con un uso muy marcado de música clásica, canciones de la cultura pop y arreglos orquestales que contrastan con la brutalidad del entorno de nuestro querido boxeador. Finalmente, la edición es uno de los elementos que aporta a que la historia fluya de una manera muy natural, ya que, a pesar de no ver un montaje grandilocuente, la simpleza de este nos acerca a la historia.

El día de la pelea es una película que nos cuenta lo que parece la inminente tragedia de un excampeón que está dispuesto a arriesgar su vida por encontrar la redención de un pasado caótico. Y, a pesar de acompañar al protagonista solo por unas horas en la antesala de su gran pelea, el recorrido que hace por varios puntos de Nueva York nos va revelando la complejidad del personaje. Este recorrido íntimo se ve elevado por una ejecución técnica impecable, donde la atemporalidad del blanco y negro dialoga con una banda sonora contrastante y una edición sutil para sumergirnos por completo en la psique del protagonista; para este punto, ya no estamos frente a un simple drama deportivo, sino en el viaje de un héroe. Mikey encarna a la perfección el concepto nietzscheano del Amor Fati, porque ya no desea borrar su oscuro pasado; él es consciente de que cada error, trauma y dolor lo trajeron hasta este instante y, aun así, no logra encontrar la paz, pues será hasta que toque la campana del último round cuando el verdadero peso de la redención y su efecto maravillosamente liberador hagan su aparición en la pantalla.

  1. Cineteca Nacional ↩︎

UN POETA

O de como reirse en el arte (Colombia, Alemania, Suecia, 2025, 120min)

Un poeta es una comedia bastante negra, a ratos poética. Esta película de Simón Mesa Soto nos cuenta la historia de Óscar (Ubeimar Ríos), un poeta mediocre que, además de inmaduro, es alcohólico. En un intento de recuperar la relación con su hija, trata de cambiar y termina dando clases en una secundaria; ahí es donde la redención comienza: ha encontrado una joven promesa. Sin embargo, no todo es lo que parece, y el camino de nuestro protagonista se pondrá cada vez más complicado. En un principio, la joven poeta, Yurlady (Rebeca Andrade), con solo 15 años, a quien no le gusta la poesía y sueña con una vida tranquila, es arrastrada por el deseo de una maquinaria cultural. Esta comedia se desborda en un sinfín de situaciones, en principio graciosas, pero que tienen un fondo cada vez más visible.

La trama, escrita por el mismo director, nos va llevando a través de un ritmo rápido por una caricaturización de la poesía, la educación, la familia, los márgenes, lo popular, la miseria humana y mucho llanto. Tal vez con un llanto a la menor provocación, pues Óscar no es más que un cúmulo de malestares que inciden en sus decisiones, donde la redención que busca cada vez está más lejos y quizá nunca llegue. Es por lo anterior que la película se da el lujo de alejar la cámara de los personajes principales para mostrar un poquito de las diferentes capas de las que se compone.

Un poeta es una cinta que se da bastantes libertades, y una de las principales es la forma en que está fotografiada: la cámara en mano, una paleta descolorida y los recorridos en vehículos con simples montajes aportan mucho al ambiente cómico, sin dejar cerrada la posibilidad de acentuar el lenguaje cinematográfico para profundizar en una que otra escena. Por su parte, el apartado sonoro incluye sus buenos descubrimientos de la música popular colombiana.

Una comedia negra de ritmo acelerado, con una caótica búsqueda de redención de Óscar y el arrastre de la joven Yurlady hacia una maquinaria cultural es una premisa bastante ad hoc para hacernos reir y ¡funciona! como una aguda caricaturización de un mundo posible, que se sostiene de una atmósfera irónica. Este filme se apoya en libertades técnicas muy marcadas, destacando la inestabilidad de la cámara en mano, una paleta descolorida y un apartado sonoro interesante , con varios contrastes. Vemos más un dibujo que una foto, pues sus personajes, ambientes y acciones conforman un rico imaginario que parece partir de una literalidad heredada, quizá, del realismo mágico.

  1. Cinemateca de Colombia ↩︎

BANEL & ADAMA

O de como el amor se convierte en una frontera

Banel y Adama están locamente enamorados. Este joven matrimonio vive en una remota aldea del norte de Senegal. Para ellos no existe nada más. Sin embargo, su perfecto amor eterno choca con las costumbres de su comunidad. Porque en este mundo no hay lugar para la pasión, y mucho menos para el caos.

Banel & Adama (Senegal, 2023, 87 min) nos cuenta lo que parece ser una historia de amor heteronormada y hegemónica, pero estamos muy lejos de esas latitudes. Esta historia comienza con la muerte del hermano y el padre de Adama; por ello, él tiene que tomar el liderazgo de la aldea, pero tan solo tiene 19 años. Lo que Adama (Mamadou Diallo) quiere es vivir tranquilamente con Banel (Khady Mane), con quien se acaba de casar porque, al morir su hermano, el Corán dicta que él es quien debe casarse con ella… Al parecer, ellos ya estaban enamorados desde niños. Por su parte, Banel es una mujer de espíritu rebelde que constantemente cuestiona las tradiciones de su aldea y busca imponer sus deseos por encima de todo. Sin embargo, esto tendrá consecuencias tanto para su relación con Adama como para la aldea completa.

La trama de esta cinta, escrita y dirigida por Ramata-Toulaye Sy, nos lleva por un desierto de emociones, tradiciones y condiciones materiales que nos hacen preguntarnos sobre la importancia del amor en tiempos de caos. Esta historia de amor se intensifica cuando las prioridades de los protagonistas parecen ir una contra la otra; o así es como lo ve Banel, quien, desde su individualismo, se reafirma como un ser diferente a su entorno, y está segura de que Adama también lo es. La aldea atraviesa un periodo de sequía y las circunstancias cada vez se ponen más complicadas para todos los habitantes. Adama, al rechazar la jefatura de su aldea, se siente responsable, mientras que Banel se obsesiona en desenterrar una casa a las afueras del pueblo para que ellos puedan vivir libremente.

En cuestiones técnicas, esta película cumple y aprovecha el entorno “salvaje” para mostrar una forma diferente de ver y relacionarse con la naturaleza. Sin tanto artilugio técnico, pero sí con una gran habilidad por parte del director de fotografía, Amine Berrada, nos regala un par de escenas alegóricas que envuelven de una forma mística la intención de no contar una historia cerrada, sino todo lo contrario: abrirla a las posibilidades de cada uno de los espectadores. En otro sentido, es importante resaltar que los protagonistas de esta historia no son actores profesionales; sin embargo, el realismo de sus acciones aporta grandes momentos a esta historia de amor.

Romper con los esquemas de amor no es cosa sencilla, más si te encuentras desde un margen o la frontera misma. En este sentido, la directora Ramata-Toulaye Sy acierta al no tomar un partido claro ni emitir juicios morales definitivos sobre las acciones de sus protagonistas. Más allá de articular un discurso complaciente para situarnos cómodamente en los terrenos de los estudios de género —donde resultaría muy fácil encasillar a Banel únicamente como un símbolo de empoderamiento frente al patriarcado—, la cinta abraza la contradicción, el egoísmo y el peso de la realidad material. Es justo en esta ambigüedad donde la obra enlaza profundamente con lo que nos dice Walter Benjamin sobre el margen: para el pensador alemán, la verdadera historia y los destellos críticos de la sociedad no se comprenden desde los centros de poder o los discursos hegemónicos, sino desde la periferia, las ruinas y los excluidos. La aldea asediada por la sequía y esa casa que Banel se empeña en desenterrar de la arena representan ese margen que, en la cultura del siglo XXI, ha cobrado un lugar protagónico. Hoy en día, la frontera ha dejado de ser el límite o el “fin” del mundo para convertirse en el epicentro indispensable desde el cual debemos repensar nuestras crisis globales —desde el colapso climático hasta nuestras formas de vincularnos afectivamente—. Al final, Banel & Adama nos recuerda que es precisamente en la periferia donde el amor, en medio del caos, revela su rostro más crudo y auténtico.

SIRAT

O de como perderse en una realidad contemporánea

Sirat (España-Francia, 2025, 115 min), sin duda, es una película diferente. El director Oliver Laxe proyecta una road movie que transcurre en el desierto de Marruecos. La historia comienza en los preparativos de una rave, con paisajes inmensos y sonidos intensos. En ese escenario, un padre (Sergi López) y su hijo (Bruno Núñez) están repartiendo volantes con la esperanza de obtener alguna información sobre Mar, la hija y hermana de nuestros aparentes protagonistas. La fiesta arranca y lo caótico comienza a hacerse presente; para aderezar este entorno caótico, la guerra acaba de estallar, por lo que el ejército llega para trasladar a los asistentes de la fiesta. Sin embargo, un grupo escapa del cerco y es seguido por nuestros protagonistas.

La trama continúa en un viaje por el desierto con el objetivo de llegar a otra fiesta, guiados por un grupo de personas muy singulares, con un aparente sentido de comunidad, pero con una serie de comportamientos contradictorios. Por otra parte, Luis y Esteban (padre e hijo) no tienen muchas opciones y continúan el viaje a pesar de no estar preparados para lo que enfrentarán en el camino. Desafiando las convenciones de la estructura narrativa, la búsqueda de Mar pasa a un segundo plano, y lo que en un principio parecía un paraíso poco a poco se convertirá en un infierno.

En cuestiones técnicas, la fotografía a cargo de Mauro Herce es el timón de la película; a falta de una estructura narrativa visible, es la imagen la que nos cuenta lo que los pocos diálogos no hacen. Por otra parte, el sonido es como un aderezo para este filme, que si bien no tengo claro qué busca provocar en los espectadores, lo cierto es que plantea una serie de preguntas sobre nuestra condición actual como sociedad. Un elemento que vale la pena resaltar es la estética lograda: nos encontramos en un ambiente apocalíptico que contrasta con la fragilidad del cuerpo en movimiento capturado por la cámara.

En definitiva, Sirat se consolida como una road movie atípica donde la caótica huida por el desierto marroquí desdibuja su premisa inicial de búsqueda familiar para arrastrar a sus personajes hacia un infierno existencial. Sostenida por la inmersiva fotografía de Mauro Herce, la obra prioriza la fuerza de la imagen sobre la estructura narrativa, logrando una estética apocalíptica que resalta la máxima fragilidad del cuerpo humano. Más allá de su propuesta técnica, este viaje sirve como un claro guiño al inestable panorama geopolítico contemporáneo; el repentino estallido bélico y el cerco militar nos recuerdan el concepto de “estado de excepción” de Giorgio Agamben, retratando cómo el orden jurídico y social se suspende frente a la crisis, despojando a los individuos de sus derechos y reduciéndolos a una mera “nuda vida” obligada a vagar por un entorno hostil donde impera la pura supervivencia.

  1. Cineteca Nacional ↩︎

Maratón Atenas Veracruzana 2026

En realidad corrí la media maratón

Domingo, tres treinta y cinco de la mañana, parece muy temprano, pero los organizadores nos hicieron madrugar. Los de la media maratón salimos a las cinco y diez de la mañana. A pesar de que Xalapa es una ciudad pequeña, tocaba madrugar. Un té, dos plátanos y un pan tostado; último check para no olvidar nada. Cuatro treinta y dos de la mañana: el calentamiento inicia en un estadio relativamente lleno, eso sí con mucha actividad, extraño de ver. Al final somos casi tres mil corredorxs inscritos, la mayoría ya listxs para arrancar en las distintas distancias desde los 42,195 km, pasando por la media, los 10k, 5k y hasta una carrera infantil.

A pesar de llegar con tiempo, estos últimos minutos pasan muy rápido. Girar los tobillos, rotar la cadera, aflojar la espalda. ¡Arrancamos! Y aún no amanece, la oscuridad es el primer reto, por así decirlo, pues en los primeros kilometros el suelo es bantante irregular. Avanzamos sin aparente inconveniente, y las zancadas empiezan a fluir, pero de algo ya estabamos advertidos: Xalapa es una ciudad con calles muy empinadas. Son las pantorrilas quienes lo resienten, apenas va el kilometro tres y la energía comienza a utilizarse de forma explosiva… Me pregunto si será posible mantenerse así durante toda la carrera(?)

El primer tramo de subida se queda atrás. Nos adentramos al centro de la ciudad. Hoy los y las runners se adueñan de calles que parecen intransitables para sus propios habitantes y del túnel ni hablar. Desde lejos se nota que el breve recorrido por el centro termina en un túnel cual portal para iniciar con otra ronda de empinadas, sin embargo al entrar al túnel, la energía vuelve. Muchos gritan, otras aceleran, pues fuera del eco, es cierto que este lugar es símbolo de fuerza.

Comienza a amanecer. Suspiro, observo y trato de recuperar mi respiración. La frecuencia cardiaca ha estado alta durante lo que va de la carrera. Calmémonos… apenas el 5k se asoma. Por otro lado la hidratación no es constante, pienso que sería genial dejar agua, electrolitos y bombas de carbohidratos durante toda la ruta, un día antes, pero bueno la carrera sigue, no me puedo distraer, al final no voy solo en este camino.

Por fin, un poco de terreno plano. Ritmo, es momento de establecer un ritmo. En un abrir y cerrar de ojos ya salió el sol. Uno, dos, tres. Respiro. Uno, dos, tres. Acelero. Llegamos al primer retorno. Las piernas comienzan a tener rostros. El primer tercio de la carrera ha quedado atrás. —En mis entrenamientos entendí que cuando uno está corriendo no se mira hacia atrás—. La carrera continúa y aún estamos siendo un gran grupo que mantiene el paso, así las pisadas de todos se escuchan como un gran espíritu que mueve a la ciudad. No obstante, a pesar de ser la ciudad en la que habito, las caras son desconocidas pero al mismo tiempo familiares.

Corremos por una bajada prolongada, la respiración está bien, las piernas bien y el espíritu contento. En este momento mi mente divaga, estoy tranquilo y pienso en ese círculo virtuoso de la inspiración. Se dice que nosotrxs los runners inspiramos y al mismo tiempo fuimos inspirados por otrxs. Puedo asegurar que eso es totalmente cierto. Creo que es por eso que nos levantamos temprano un domingo… pienso esto mientras observo a mi alrededor. Me alegra pertenecer a algo que si bien ya es una moda también es una forma de vida, en pocas palabras y para continuar con la carrera solo agrego: un mismo camino, diferentes propósitos.

Pasamos el kilómetro 10. Ya estamos de vuelta en el centro, pero aún es muy temprano, quizá apenas son las seis de la mañana. La soledad de las calles contrasta con un ruido que parece venir de las paredes. ¡Dale, dale, no pares! es lo que decía una playera, además de ser una gran idea (¿ven cómo sí tratamos de inspirar sin realmente ser conscientes de ello?), por supuesto que le hice caso. Además vamos de bajada, es momento de apretar el paso, aunque la idea es no quemarse, la gravedad hace lo suyo y el tiempo por el momento no es una preocupación.

Es el último tercio de la carrera, sin duda es una carrera demandante por sus cuestas y particularmente el clima del día de hoy. El sol ya se deja sentir y la humedad característica de Xalapa hace de las suyas. Es útil pensar esta ruta en tres partes. Después de una segunda parte de recuperación, la concentración se hace más evidente y las piernas responden como si al menor intento de detenerse el calor las incendiara para hacer insostenible el equilibrio. La verdad es que ya para este momento la altimetría ha hecho lo suyo. El desgaste es evidente, pero no es lo suficiente para no empujar un poco más, porque para este momento me di cuenta de que las subidas seguirían llegando.

Solo un kilómetro más… nos enteraríamos más tarde que por un ajuste de ruta, se corrió un kilómetro más, aunque para aquellos que aún no experimentan una carrera, suele ser algo bastante común, y a veces el saber que la distancia se ha cubierto nos juega en contra porque qué más quisiera estar ya en la meta y parar, pero al igual que la mañana continúa, hacemos lo mismo. Existe el consuelo de que cada paso nos acerca a la meta, y en realidad eso pasa desde el inicio de la carrera, ojalá así fuera con la vida (¿no creen?).

Se terminó, con un final acostumbrado. ¡Cerrar fuerte! Es muy satisfactorio acelerar en los últimos metros, y como por arte de magia al pasar por el tapete la energía se diluye. Las piernas duelen, los brazos duelen. Hay que estirar, tirarse al pasto, tomar agua y colgarnos la medalla, pues después de 21.0975 kilómetros no somos los mismos.

LES CRÉATURES

O de como no podemos cambiar nuestra naturaleza

Las criaturas (Francia, 1966, 90 min), un filme de Agnès Varda, despliega un gran ensayo visual sobre la naturaleza humana. La historia comienza con nuestra pareja protagonista, que sufre un accidente; como resultado de este, Mylène (Catherine Deneuve) queda muda y su esposo, Edgar (Michel Piccoli), tiene que transitar solo por el pueblo, ya que su esposa, por su condición, prefiere quedarse en casa. Durante los recorridos de Edgar, se va encontrando con los diferentes pobladores de la isla donde habitan; sin embargo, una serie de extraños acontecimientos lo intrigan y decide poner manos en acción para detener estos sucesos.

La trama de la película nos va llevando por situaciones donde se devela la naturaleza humana, y pone en entredicho al destino como pretexto para denotar que, si bien parecen existir fuerzas sobrehumanas que dirigen nuestras vidas, la voluntad es algo que sigue en el terreno de cada uno de los habitantes, la cual es potenciada por un extraño juego que revela en ciertos momentos la peor parte, pero también en otros, la mejor parte de nosotros. Si bien es cierto que tenemos un protagonista claro, la historia nos lleva a través de cada uno de los personajes, donde con sus acciones y palabras vamos a descubrir su verdadera naturaleza o, al menos, la que aparentan.

En cuestiones técnicas, Las criaturas es una digna película de su época. La mirada de su directora es única y, si bien nos remonta a un cine en blanco y negro lleno de simbolismos (muchos de los cuales parecen indescifrables), no queda más que disfrutar de la bella fotografía a cargo de Willy Kurant y William Lubtchansky, donde la composición y los movimientos de cámara añaden elementos oníricos al filme. Por otra parte, el diseño sonoro hecho por Jacques Maumont resulta por momentos un poco estresante, pero esa es la intención, porque si bien estamos ante un drama, por instantes podemos pensar que estamos viendo una película de terror, por supuesto con los miedos característicos de esa época. Finalmente, el vestuario es uno de los signos cinematográficos que también tiene mucho que decirnos; además de una gran estética, no dejemos de pensar qué es lo que nos está tratando de comunicar.

Las criaturas proyecta una experiencia onírica donde la magistral técnica audiovisual de Varda genera una atmósfera de sutil terror, y la misteriosa travesía de Edgar funciona como un fascinante espejo de nuestras ambivalencias. A través de este peculiar juego fílmico, la directora desmitifica al destino como un ente rector, ya que nos demuestra que son las acciones de los personajes las verdaderas creadoras de su realidad. Es en esta dinámica donde pienso que la película dialoga con el pensamiento de Arthur Schopenhauer, porque la historia ilustra cómo nuestras vidas no están guiadas por un orden racional o divino, sino por una fuerza interna, ciega e incesante. En conclusión, esta “voluntad” schopenhaueriana se manifiesta en los habitantes de la isla como un impulso irracional que detona nuestras mayores virtudes o nuestras peores bajezas, y nos deja como reflexión que la naturaleza humana es, en esencia, una constante e inevitable subordinación a nuestros propios deseos.

  1. IMDB ↩︎

DOS EXTRAÑOS, DOS ESTACIONES

O de como las miradas son para compartir

Dos extraños, dos estaciones (Japón, 2025, 89 min) es una cinta de una calma visual fenomenal; sin embargo, no todo es contemplación: la historia o historias son un gran pretexto para la reflexión cinematográfica que, al parecer, el cine japonés tiene muy bien asimilada. Esta historia comienza en la playa, con dos protagonistas que al parecer tienen en común a la guionista que escribió su historia. La trama continúa con el tema de un viaje, pero pasamos de una mirada cinematográfica a una mirada más íntima —pero igual de descriptiva y narrativa— que nos lleva entre olas por los diferentes momentos, muchos de ellos encapsulados en un tiempo ajeno.

La sutileza con la que el director Shô Miyake hace el tratamiento de la historia nos permite adentrarnos, en un primer momento, en los sentimientos de una pareja que se adentra al mar al mismo tiempo que conversan, se acercan y se conocen poco a poco hasta llegar a un punto climático. En ese momento, la mirada parece tener un cambio de 180° que deja una sensación agradable en el espectador. Un brinco a la metaficción que aporta una atmósfera perfecta para dejar que los diálogos, situaciones, paisajes, sonidos y silencios nos conduzcan por un mar de emociones potenciadas por un buen uso del lenguaje cinematográfico.

En cuestiones técnicas, esta cinta es una verdadera joya. La dirección de fotografía a cargo de Yûta Tsukinaga es de una maestría que, en conjunto con el diseño sonoro de Takamitsu Kawai, logra transportar al espectador a lugares increíbles, donde la reflexión sobre el encuentro de dos extraños se dibuja con un paisaje de una potencia expresiva muy característica del cine japonés. Como dato curioso, esta cinta es una adaptación libre de dos relatos cortos de Yoshiharu Tsuge, una figura legendaria del manga alternativo japonés: «Una vista de la costa» (1967) y «El señor Ben y su iglú» (1968).

En conclusión, esta película nos regala varias sorpresas, como lo es su estructura de «muñeca rusa»: una narrativa metacinematográfica que difumina los límites entre la ficción de sus escritos y su propia realidad. Por otra parte, el discurso sobre las relaciones, más que buscar una idea en concreto, permite colocarnos en un estado de pausa —por así decirlo— que, en vez de llevar la mirada desde nuestra subjetividad, nos convierte en fieles testigos del encuentro entre dos extraños.

  1. Cineteca Nacional ↩︎