LES CRÉATURES

O de como no podemos cambiar nuestra naturaleza

Las criaturas (Francia, 1966, 90 min), un filme de Agnès Varda, despliega un gran ensayo visual sobre la naturaleza humana. La historia comienza con nuestra pareja protagonista, que sufre un accidente; como resultado de este, Mylène (Catherine Deneuve) queda muda y su esposo, Edgar (Michel Piccoli), tiene que transitar solo por el pueblo, ya que su esposa, por su condición, prefiere quedarse en casa. Durante los recorridos de Edgar, se va encontrando con los diferentes pobladores de la isla donde habitan; sin embargo, una serie de extraños acontecimientos lo intrigan y decide poner manos en acción para detener estos sucesos.

La trama de la película nos va llevando por situaciones donde se devela la naturaleza humana, y pone en entredicho al destino como pretexto para denotar que, si bien parecen existir fuerzas sobrehumanas que dirigen nuestras vidas, la voluntad es algo que sigue en el terreno de cada uno de los habitantes, la cual es potenciada por un extraño juego que revela en ciertos momentos la peor parte, pero también en otros, la mejor parte de nosotros. Si bien es cierto que tenemos un protagonista claro, la historia nos lleva a través de cada uno de los personajes, donde con sus acciones y palabras vamos a descubrir su verdadera naturaleza o, al menos, la que aparentan.

En cuestiones técnicas, Las criaturas es una digna película de su época. La mirada de su directora es única y, si bien nos remonta a un cine en blanco y negro lleno de simbolismos (muchos de los cuales parecen indescifrables), no queda más que disfrutar de la bella fotografía a cargo de Willy Kurant y William Lubtchansky, donde la composición y los movimientos de cámara añaden elementos oníricos al filme. Por otra parte, el diseño sonoro hecho por Jacques Maumont resulta por momentos un poco estresante, pero esa es la intención, porque si bien estamos ante un drama, por instantes podemos pensar que estamos viendo una película de terror, por supuesto con los miedos característicos de esa época. Finalmente, el vestuario es uno de los signos cinematográficos que también tiene mucho que decirnos; además de una gran estética, no dejemos de pensar qué es lo que nos está tratando de comunicar.

Las criaturas proyecta una experiencia onírica donde la magistral técnica audiovisual de Varda genera una atmósfera de sutil terror, y la misteriosa travesía de Edgar funciona como un fascinante espejo de nuestras ambivalencias. A través de este peculiar juego fílmico, la directora desmitifica al destino como un ente rector, ya que nos demuestra que son las acciones de los personajes las verdaderas creadoras de su realidad. Es en esta dinámica donde pienso que la película dialoga con el pensamiento de Arthur Schopenhauer, porque la historia ilustra cómo nuestras vidas no están guiadas por un orden racional o divino, sino por una fuerza interna, ciega e incesante. En conclusión, esta “voluntad” schopenhaueriana se manifiesta en los habitantes de la isla como un impulso irracional que detona nuestras mayores virtudes o nuestras peores bajezas, y nos deja como reflexión que la naturaleza humana es, en esencia, una constante e inevitable subordinación a nuestros propios deseos.

  1. IMDB ↩︎

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *