O de como reirse en el arte (Colombia, Alemania, Suecia, 2025, 120min)

La obsesión de Óscar Restrepo por la poesía no le trajo ninguna gloria. Envejecido y errático, ha sucumbido al cliché del poeta en la penumbra. Conocer a Yurlady, una humilde adolescente, y ayudarle a cultivar su talento trae algo de luz a sus días, pero arrastrarla al mundo de los poetas, tal vez no sea el camino.1
Un poeta es una comedia bastante negra, a ratos poética. Esta película de Simón Mesa Soto nos cuenta la historia de Óscar (Ubeimar Ríos), un poeta mediocre que, además de inmaduro, es alcohólico. En un intento de recuperar la relación con su hija, trata de cambiar y termina dando clases en una secundaria; ahí es donde la redención comienza: ha encontrado una joven promesa. Sin embargo, no todo es lo que parece, y el camino de nuestro protagonista se pondrá cada vez más complicado. En un principio, la joven poeta, Yurlady (Rebeca Andrade), con solo 15 años, a quien no le gusta la poesía y sueña con una vida tranquila, es arrastrada por el deseo de una maquinaria cultural. Esta comedia se desborda en un sinfín de situaciones, en principio graciosas, pero que tienen un fondo cada vez más visible.
La trama, escrita por el mismo director, nos va llevando a través de un ritmo rápido por una caricaturización de la poesía, la educación, la familia, los márgenes, lo popular, la miseria humana y mucho llanto. Tal vez con un llanto a la menor provocación, pues Óscar no es más que un cúmulo de malestares que inciden en sus decisiones, donde la redención que busca cada vez está más lejos y quizá nunca llegue. Es por lo anterior que la película se da el lujo de alejar la cámara de los personajes principales para mostrar un poquito de las diferentes capas de las que se compone.
Un poeta es una cinta que se da bastantes libertades, y una de las principales es la forma en que está fotografiada: la cámara en mano, una paleta descolorida y los recorridos en vehículos con simples montajes aportan mucho al ambiente cómico, sin dejar cerrada la posibilidad de acentuar el lenguaje cinematográfico para profundizar en una que otra escena. Por su parte, el apartado sonoro incluye sus buenos descubrimientos de la música popular colombiana.
Una comedia negra de ritmo acelerado, con una caótica búsqueda de redención de Óscar y el arrastre de la joven Yurlady hacia una maquinaria cultural es una premisa bastante ad hoc para hacernos reir y ¡funciona! como una aguda caricaturización de un mundo posible, que se sostiene de una atmósfera irónica. Este filme se apoya en libertades técnicas muy marcadas, destacando la inestabilidad de la cámara en mano, una paleta descolorida y un apartado sonoro interesante , con varios contrastes. Vemos más un dibujo que una foto, pues sus personajes, ambientes y acciones conforman un rico imaginario que parece partir de una literalidad heredada, quizá, del realismo mágico.
- Cinemateca de Colombia ↩︎

