O de como el amor se convierte en una frontera

Banel y Adama están locamente enamorados. Este joven matrimonio vive en una remota aldea del norte de Senegal. Para ellos no existe nada más. Sin embargo, su perfecto amor eterno choca con las costumbres de su comunidad. Porque en este mundo no hay lugar para la pasión, y mucho menos para el caos.
Banel & Adama (Senegal, 2023, 87 min) nos cuenta lo que parece ser una historia de amor heteronormada y hegemónica, pero estamos muy lejos de esas latitudes. Esta historia comienza con la muerte del hermano y el padre de Adama; por ello, él tiene que tomar el liderazgo de la aldea, pero tan solo tiene 19 años. Lo que Adama (Mamadou Diallo) quiere es vivir tranquilamente con Banel (Khady Mane), con quien se acaba de casar porque, al morir su hermano, el Corán dicta que él es quien debe casarse con ella… Al parecer, ellos ya estaban enamorados desde niños. Por su parte, Banel es una mujer de espíritu rebelde que constantemente cuestiona las tradiciones de su aldea y busca imponer sus deseos por encima de todo. Sin embargo, esto tendrá consecuencias tanto para su relación con Adama como para la aldea completa.
La trama de esta cinta, escrita y dirigida por Ramata-Toulaye Sy, nos lleva por un desierto de emociones, tradiciones y condiciones materiales que nos hacen preguntarnos sobre la importancia del amor en tiempos de caos. Esta historia de amor se intensifica cuando las prioridades de los protagonistas parecen ir una contra la otra; o así es como lo ve Banel, quien, desde su individualismo, se reafirma como un ser diferente a su entorno, y está segura de que Adama también lo es. La aldea atraviesa un periodo de sequía y las circunstancias cada vez se ponen más complicadas para todos los habitantes. Adama, al rechazar la jefatura de su aldea, se siente responsable, mientras que Banel se obsesiona en desenterrar una casa a las afueras del pueblo para que ellos puedan vivir libremente.
En cuestiones técnicas, esta película cumple y aprovecha el entorno “salvaje” para mostrar una forma diferente de ver y relacionarse con la naturaleza. Sin tanto artilugio técnico, pero sí con una gran habilidad por parte del director de fotografía, Amine Berrada, nos regala un par de escenas alegóricas que envuelven de una forma mística la intención de no contar una historia cerrada, sino todo lo contrario: abrirla a las posibilidades de cada uno de los espectadores. En otro sentido, es importante resaltar que los protagonistas de esta historia no son actores profesionales; sin embargo, el realismo de sus acciones aporta grandes momentos a esta historia de amor.
Romper con los esquemas de amor no es cosa sencilla, más si te encuentras desde un margen o la frontera misma. En este sentido, la directora Ramata-Toulaye Sy acierta al no tomar un partido claro ni emitir juicios morales definitivos sobre las acciones de sus protagonistas. Más allá de articular un discurso complaciente para situarnos cómodamente en los terrenos de los estudios de género —donde resultaría muy fácil encasillar a Banel únicamente como un símbolo de empoderamiento frente al patriarcado—, la cinta abraza la contradicción, el egoísmo y el peso de la realidad material. Es justo en esta ambigüedad donde la obra enlaza profundamente con lo que nos dice Walter Benjamin sobre el margen: para el pensador alemán, la verdadera historia y los destellos críticos de la sociedad no se comprenden desde los centros de poder o los discursos hegemónicos, sino desde la periferia, las ruinas y los excluidos. La aldea asediada por la sequía y esa casa que Banel se empeña en desenterrar de la arena representan ese margen que, en la cultura del siglo XXI, ha cobrado un lugar protagónico. Hoy en día, la frontera ha dejado de ser el límite o el “fin” del mundo para convertirse en el epicentro indispensable desde el cual debemos repensar nuestras crisis globales —desde el colapso climático hasta nuestras formas de vincularnos afectivamente—. Al final, Banel & Adama nos recuerda que es precisamente en la periferia donde el amor, en medio del caos, revela su rostro más crudo y auténtico.

