Maratón Atenas Veracruzana 2026

En realidad corrí la media maratón

Domingo, tres treinta y cinco de la mañana, parece muy temprano, pero los organizadores nos hicieron madrugar. Los de la media maratón salimos a las cinco y diez de la mañana. A pesar de que Xalapa es una ciudad pequeña, tocaba madrugar. Un té, dos plátanos y un pan tostado; último check para no olvidar nada. Cuatro treinta y dos de la mañana: el calentamiento inicia en un estadio relativamente lleno, eso sí con mucha actividad, extraño de ver. Al final somos casi tres mil corredorxs inscritos, la mayoría ya listxs para arrancar en las distintas distancias desde los 42,195 km, pasando por la media, los 10k, 5k y hasta una carrera infantil.

A pesar de llegar con tiempo, estos últimos minutos pasan muy rápido. Girar los tobillos, rotar la cadera, aflojar la espalda. ¡Arrancamos! Y aún no amanece, la oscuridad es el primer reto, por así decirlo, pues en los primeros kilometros el suelo es bantante irregular. Avanzamos sin aparente inconveniente, y las zancadas empiezan a fluir, pero de algo ya estabamos advertidos: Xalapa es una ciudad con calles muy empinadas. Son las pantorrilas quienes lo resienten, apenas va el kilometro tres y la energía comienza a utilizarse de forma explosiva… Me pregunto si será posible mantenerse así durante toda la carrera(?)

El primer tramo de subida se queda atrás. Nos adentramos al centro de la ciudad. Hoy los y las runners se adueñan de calles que parecen intransitables para sus propios habitantes y del túnel ni hablar. Desde lejos se nota que el breve recorrido por el centro termina en un túnel cual portal para iniciar con otra ronda de empinadas, sin embargo al entrar al túnel, la energía vuelve. Muchos gritan, otras aceleran, pues fuera del eco, es cierto que este lugar es símbolo de fuerza.

Comienza a amanecer. Suspiro, observo y trato de recuperar mi respiración. La frecuencia cardiaca ha estado alta durante lo que va de la carrera. Calmémonos… apenas el 5k se asoma. Por otro lado la hidratación no es constante, pienso que sería genial dejar agua, electrolitos y bombas de carbohidratos durante toda la ruta, un día antes, pero bueno la carrera sigue, no me puedo distraer, al final no voy solo en este camino.

Por fin, un poco de terreno plano. Ritmo, es momento de establecer un ritmo. En un abrir y cerrar de ojos ya salió el sol. Uno, dos, tres. Respiro. Uno, dos, tres. Acelero. Llegamos al primer retorno. Las piernas comienzan a tener rostros. El primer tercio de la carrera ha quedado atrás. —En mis entrenamientos entendí que cuando uno está corriendo no se mira hacia atrás—. La carrera continúa y aún estamos siendo un gran grupo que mantiene el paso, así las pisadas de todos se escuchan como un gran espíritu que mueve a la ciudad. No obstante, a pesar de ser la ciudad en la que habito, las caras son desconocidas pero al mismo tiempo familiares.

Corremos por una bajada prolongada, la respiración está bien, las piernas bien y el espíritu contento. En este momento mi mente divaga, estoy tranquilo y pienso en ese círculo virtuoso de la inspiración. Se dice que nosotrxs los runners inspiramos y al mismo tiempo fuimos inspirados por otrxs. Puedo asegurar que eso es totalmente cierto. Creo que es por eso que nos levantamos temprano un domingo… pienso esto mientras observo a mi alrededor. Me alegra pertenecer a algo que si bien ya es una moda también es una forma de vida, en pocas palabras y para continuar con la carrera solo agrego: un mismo camino, diferentes propósitos.

Pasamos el kilómetro 10. Ya estamos de vuelta en el centro, pero aún es muy temprano, quizá apenas son las seis de la mañana. La soledad de las calles contrasta con un ruido que parece venir de las paredes. ¡Dale, dale, no pares! es lo que decía una playera, además de ser una gran idea (¿ven cómo sí tratamos de inspirar sin realmente ser conscientes de ello?), por supuesto que le hice caso. Además vamos de bajada, es momento de apretar el paso, aunque la idea es no quemarse, la gravedad hace lo suyo y el tiempo por el momento no es una preocupación.

Es el último tercio de la carrera, sin duda es una carrera demandante por sus cuestas y particularmente el clima del día de hoy. El sol ya se deja sentir y la humedad característica de Xalapa hace de las suyas. Es útil pensar esta ruta en tres partes. Después de una segunda parte de recuperación, la concentración se hace más evidente y las piernas responden como si al menor intento de detenerse el calor las incendiara para hacer insostenible el equilibrio. La verdad es que ya para este momento la altimetría ha hecho lo suyo. El desgaste es evidente, pero no es lo suficiente para no empujar un poco más, porque para este momento me di cuenta de que las subidas seguirían llegando.

Solo un kilómetro más… nos enteraríamos más tarde que por un ajuste de ruta, se corrió un kilómetro más, aunque para aquellos que aún no experimentan una carrera, suele ser algo bastante común, y a veces el saber que la distancia se ha cubierto nos juega en contra porque qué más quisiera estar ya en la meta y parar, pero al igual que la mañana continúa, hacemos lo mismo. Existe el consuelo de que cada paso nos acerca a la meta, y en realidad eso pasa desde el inicio de la carrera, ojalá así fuera con la vida (¿no creen?).

Se terminó, con un final acostumbrado. ¡Cerrar fuerte! Es muy satisfactorio acelerar en los últimos metros, y como por arte de magia al pasar por el tapete la energía se diluye. Las piernas duelen, los brazos duelen. Hay que estirar, tirarse al pasto, tomar agua y colgarnos la medalla, pues después de 21.0975 kilómetros no somos los mismos.

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