ELEFANTES FANTASMAS

O de como en la naturaleza no hay fantasmas (Estados Unidos-Angola-Namibia, 2025, 98 mins.)

Elefantes Fantasmas es un documental dirigido por Werner Herzog que trata sobre la naturaleza —de ello no cabe duda—, pero presenta varios elementos que le permiten alejarse de la convención cientificista, algo que se manifiesta incluso en su propuesta narrativa. La historia que nos cuenta es la de un biólogo, el Dr. Steve Boyes, poseedor de una obsesión científica que inicia en el Museo Nacional de Historia Natural Smithsoniano en Washington D. C. Su tesis busca demostrar si los “elefantes fantasma” de Angola son descendientes genéticos directos de Henry, el elefante Fénykövi. Este ejemplar fue cazado en los años 50 y es, oficialmente, el elefante más grande registrado en la historia moderna. El objetivo, entonces, es claro: adentrarse en terrenos inexplorados y encontrar a una manada que no quiere ser hallada.

Este filme, compuesto de planos submarinos, conversaciones amenas y paisajes nocturnos completamente aislados de la civilización, logra adentrarnos en la meseta angoleña. Para lograrlo, el equipo se desplazó exclusivamente a pie, en motocicletas ligeras y en canoas a través de ríos inexplorados, lo que, irónicamente, repercutirá en la obtención de una de las pruebas de la existencia de estos elefantes. Es precisamente aquí —a través de las fotografías, los videos, las huellas y el lenguaje— donde las visiones de muchas culturas convergen en un imaginario compartido de la realidad. Quizá este sea el acierto más inesperado del documental, ya que nuestra atención está puesta originalmente en encontrar a los elefantes más grandes del mundo: criaturas enormes que van dejando un rastro confuso para la mayoría, pero que responden a una lógica de supervivencia, al igual que los expertos que los acompañan en esta suerte de cacería humanista.

Al igual que el científico utiliza instrumentos para definir su objeto, el documentalista utiliza el encuadre, el montaje y la narrativa para extraer un sentido de la realidad caótica. Esto lo sabe muy bien Herzog; incluso podría decirse que tiene muy clara la filosofía de la naturaleza de Evandro Agazzi, donde la distinción entre realidad y objeto resulta fundamental para comprender la naturaleza de la representación. Mientras que la realidad es la totalidad inagotable y compleja de lo que existe, el objeto es un «recorte» o una sección de dicha realidad delimitada por un punto de vista específico. Estos elefantes son un recorte de una realidad que no solo atraviesa a un país o una época en específico, sino que desdobla una de las tantas contradicciones del paso del ser humano por la Tierra: mientras algunos han sobrevivido limitándose a observar el fluir de su entorno, otros —principalmente desde Occidente— han destrozado todo lo que queda a su paso.

El documental trasciende la búsqueda científica del elefante más grande del mundo para sumergirse en una expedición que, a través de una narrativa alejada de formas obsoletas, transforma el rastro de una manada esquiva en un punto de convergencia entre diversas visiones culturales de la naturaleza. Al aplicar la distinción de Agazzi, se evidencia que esta «cacería humanista» no pretende agotar la realidad inabarcable de la selva angoleña, sino construir un objeto de estudio que denuncia la contradicción entre la huella destructiva de Occidente y la supervivencia armónica del entorno. Bajo esta premisa, ¿podría la creación de este objeto documental, mediado por la técnica y la mirada humana, ser el instrumento necesario para que el hombre moderno reconozca la realidad inagotable de una naturaleza que se desvanece antes de que su propio afán reduccionista termine por destruirla?

  1. CINETECA NACIONAL ↩︎

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