O de como lo personal es lo político (Italia, 2025, 133 mins.)

Mariano de Santis es el presidente ficticio de la república italiana, abogado de profesión, hombre religioso y profundamente humanista. El fin de su mandato se acerca, pero hay decisiones de gran importancia que lo sumen en la duda y hacen que reevalúe su sentido de responsabilidad.1
La grazia, o quizá mejor dicho, El indulto, es una película necesaria en el contexto político actual. La historia se centra en el presidente de la República Italiana, pero no trata de grandilocuencias ni de mundos ajenos, sino de la intimidad de la casa presidencial. En este escenario vemos cómo lo pasa Mariano de Santis, el presidente, quien en sus últimos seis meses de mandato atraviesa una crisis detonada por el descubrimiento de que su esposa tuvo un amante hace 40 años; sin embargo, ella ya ha fallecido. Él se encuentra en medio de una maquinaria llamada Estado que no puede ni pretende controlar, por lo que su mejor papel será el de ser un observador justo de la ley para no terminar su mandato salpicado y poder regresar a casa con sus dos hijos. Por si fuera poco, se le acaba el tiempo para aprobar una ley sobre la eutanasia con la que su amigo el papa está totalmente en desacuerdo, además de una serie de indultos que llevan la película a terrenos reflexivos sobre los grandes temas de la vida.
El director Paolo Sorrentino concibe la figura del presidente como un ser cargado de presente, pero ajeno a la vida pública de un país, pues apenas puede con su propia vida. El guion, escrito también por él, nos presenta una trama que atrapa por los diferentes niveles en los que se coloca la cámara. Un dramón político italiano» es una buena frase para describir esta cinta; pues, aunque por momentos podría parecer una telenovela presidencial, se distingue por un humor certero que logra relajar la tensión —provocada a veces más por lo visual que por lo narrativo— y que es necesaria para que la historia avance con congruencia entre lo estético y lo temático. Es por eso que la vida de un presidente podría importarnos muy poco, en esencia, pero al final de cuentas ya lo dijo Judith Butler: “lo personal es lo político”.
Las cuestiones técnicas son otra razón para ver este filme, pues es una gran producción realizada de manera casi perfecta. Por ejemplo, para el diseño de producción y la iluminación, la directora de fotografía Daria D’Antonio se inspiró profundamente en los retratos del pintor británico Lucian Freud; esto se nota en la elección de una paleta de tonos grises y marrones para «desnudar» la soledad del mandatario. Por su parte, el diseño sonoro es bastante rico en su tono experimental, pero a la vez conocedor de la potencia del sonido y sus usos clásicos. En algunos momentos escuchamos secuencias acompañadas de notas electrónicas minimalistas; en otros más íntimos, una melancolía neoclásica acompaña a nuestro protagonista e, incluso, un rap rompe de forma abrupta e irónica con la solemnidad del espacio presidencial.
La Grazia retrata los últimos meses de Mariano de Santis, atrapado entre su duelo privado y la maquinaria estatal, mientras las urgencias de la eutanasia y los indultos revelan la frágil frontera entre la conciencia moral y la razón de Estado. Una trama demasiado humana con un diseño de producción inspirado en retratos expresionistas y un diseño sonoro que va del minimalismo electrónico al rap. Sorrentino convierte la soledad del poder en un espectáculo que hace visible la teatralidad de las instituciones. Así después de dos horas el relato demuestra que toda política nace en la casa —donde el cuerpo doliente del presidente y el fantasma de su esposa adquieren estatuto público— y se extiende a un país que observa cómo lo íntimo se vuelve asunto de todos. Esta la cinta es un sútil discurso de intuición biopolítica: el presidente, soberano que decide sobre la vida, la muerte y el perdón, administra la nuda vida en un permanente estado de excepción interno.
- CINETECA NACIONAL ↩︎

