ROMERÍA

O de como a los secretos familiares no se los lleva el mar (España-Alemania, 2025, 112 mins.)

Romería es quizá un drama familiar, pero a diferencia de cierta tendencia a explorar los mundos psíquicos de los miembros de la familia, esta cinta nos muestra una mirada diferente, menos intelectualizada pero igual de atinada en la mirada contemporánea con la que la directora Carla Simón pone el ojo en la historia de Frida (Llúcia Garcia). Ella es huérfana de ambos padres; al cumplir 18 años viaja a la ciudad de Vigo, conocida como el «Caribe gallego», y es en este puerto donde, con el pretexto de obtener el acta de defunción de su padre, podrá obtener una beca para estudiar cine. Sin embargo, no será tan fácil tener este documento, ya que tendrán que ser sus abuelos quienes testifiquen que, efectivamente, Frida es hija de Fons Piñeira… será complicado porque esta familia esconde varios secretos.

El guiño de que la protagonista quiera estudiar cine y que lleve consigo una handycam se aprovecha muy bien para desplegar un estilo visual desenfadado, pero al mismo tiempo con una estética notable y un tono íntimo que sirve de ambiente para que los secretos se vayan revelando y la trama transcurra en una lógica familiar que nos atraviesa, pero que al mismo tiempo se desenvuelve en una cultura diferente. Otro guiño es que Frida habla catalán. No es algo que directamente aporte algo significativo a la historia; no obstante, dota a la película de una vigencia muy atinada a los tiempos que navegamos.

Romería cierra una trilogía de la memoria familiar basada en la propia vida de Carla Simón. Comenzó con Verano 1993 (centrada en su infancia tras ser adoptada), continuó con la multipremiada Alcarràs (sobre la vida rural de sus tíos) y culmina con Romería, enfocada en la historia de sus padres biológicos. Es por ello que en las cuestiones técnicas hay dos elementos a resaltar: por una parte, la directora de fotografía Hélène Louvart revisó cintas que la propia Carla Simón filmó cuando tenía 18 años, buscando imitar ese estilo «poético e imperfecto»; así, nos regala varios estilos de grabación durante este filme donde el mar, los barcos, las personas y el pasado cobran sentido en la mirada de Frida. El otro elemento es la diferencia con sus largometrajes anteriores, caracterizados por un naturalismo estricto y el uso de cámara en mano; en esta cinta, Simón recurre a encuadres fijos, composiciones estilizadas y secuencias oníricas o surrealistas para representar los huecos que la memoria no logra llenar.

El viaje de Frida se convierte en una exploración íntima que conecta con la búsqueda de identidad desde lo personal a lo colectivo, en gran medida por la evolución narrativa de la directora, que se apoya en un giro técnico significativo donde el naturalismo estricto de sus obras previas se conjuga la textura «poética e imperfecta» de la handycam y el uso de encuadres fijos y pasajes oníricos, para dar forma a los huecos que el recuerdo no logra llenar por sí solo. En esos huecos es donde los secretos familiares dejan de ser meros obstáculos para transformarse en el motor de una trama que atraviesa generaciones, evidenciando que la memoria no es un registro exacto de los hechos, sino un territorio fragmentado siempre en construcción. Romería confronta la idea quemel pasado no es una persecución de la verdad factual, sino un ejercicio de aletheia, donde la luz del cine desoculta las realidades que siempre han estado presentes, permitiendo que aquello que habitaba en la sombra finalmente se manifieste.

  1. IMDB ↩︎

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