O de como siempre un buen cine es como ir al teatro. (Estados Unidos, 2026, 107 min)

Sigue a Joe y Angela y cómo su matrimonio ha caído en la rutina. Angela invita a sus vecinos Kayla y Shane a unos cócteles, e inesperadamente descubren cómo sus vecinos podrían estar organizando orgías semanales.1
La invitación, película dirigida y actuada por Olivia Wilde, me la imagino en el gran teatro de su ciudad, y que sus asistentes, parejas sobre todo, saldrán de una catarsis momentánea para recomendarla a otras parejas bajo la insignia de «me cambió la vida». Y no es para menos: la directora interpreta a Ángela, una mujer y madre que invita a sus vecinos al departamento, esta inesperada reunión tendrá más de una sorpresa. El primer sorprendido es su esposo Joe (Seth Rogen), un maestro de música deprimido que además sufre de dolor de espalda, pero es demasiado tarde, sus vecinos Piña (Penélope Cruz) y Hawk (Edward Norton) ya están en la puerta. La noche transcurre entre momentos de mucha tensión, en gran medida porque hay un tema que tanto Ángela como Joe quieren tratar: los ruidos que hacen sus vecinos cuando tienen sexo.
El guión escrito por Cesc Gay, Will McCormack y Rashida Jones es un trabajo inspirado, sin duda, en la puesta en escena. Un ejemplo son los diálogos y acciones que podemos sentir por parte de los protagonistas, además del elenco con una potencia actoral increíble. Estos elementos en conjunto nos arrojan a espejos espontáneos donde el espectador encuentra un eco, un –date cuenta–, una risa. Porque, si bien es un dramón contemporáneo, la comedia no solo es parte, es la estructura de este filme. Está presente todo el tiempo, ya sea en la personificación de lo patético en Joe, en el tabú del orgasmo femenino/masculino o simplemente en el contraste del amor mismo. A pesar de que se mantiene este tono cómico, la profundidad tanto de las escenas como de los temas que aborda se mantiene intacta. Una historia redonda, donde el final, les aseguro, solo será un detonante personal y quizá muy íntimo.
En cuestiones técnicas, la tarea quizá fue fácil: un solo espacio, el departamento de Ángela y Joe. Y más que ser filmada en una locación, es que el texto como las actuaciones son una gran pauta para la elección de planos y detalles fotográficos. Sin embargo, hay algo que logra una intimidad que se aleja del teatro, sin dejar de serlo. Por una parte, esta película se filmó en orden cronológico durante 23 días; esto implica una especie de sinergia entre las cámaras y el elenco. Por otra, está filmada en 35 mm ¡esto es textura!. Y si no fuera suficiente, el diseño sonoro es el elemento que aporta mucho a la historia, pero en la medida exacta y con las elecciones musicales perfectas para seguir con esa línea de mantener una teatralidad en la pantalla.
La invitación convierte una cena incómoda entre vecinos en una experiencia catártica, pues el talento actoral de sus protagonistas dota de una veracidad cruda a los conflictos cotidianos y domésticos que se plantean. A través de un guion que equilibra el drama contemporáneo con una estructura de comedia liberadora, la obra profundiza en varios tabúes sin perder nunca la agudeza ni la profundidad de su mensaje. Por otro lado, la decisión técnica de filmar en 35 mm y en orden cronológico aporta una textura y una sinergia únicas, las cuales se ven reforzadas por un diseño sonoro que mantiene siempre la esencia de la puesta escénica en la pantalla. Sin tantas pretenciones, que las más que obvias, este tipo de cine centrado en temas cotidianos y “maduros” resulta sumamente enriquecedor cuando se construye desde una sólida dramaturgia fílmica, ya que logra elevar las situaciones más íntimas y privadas a un nivel de arte reflexivo y universal.
- IMDB ↩︎


